Platicando con Martha Sáenz

Martha Sáenz

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“Mujeres al borde de un ataque de histeria”

martes, 18 de junio de 2013
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Como ando con la adrenalina a todo lo que da, arreglando mi futuro viaje, hace algunos días me quedé contestando mails a través de Facebook.

Y cuál no sería mi sorpresa en esa noche de emergencias.
Como en mi página tengo a más de cuatro mil personas, empecé a confirmarles a las que realmente conozco que si iría a Monterrey a consultar a mis pacientes, en eso pasa lo que jamás esperé que sucediera en ese medio.

Al mismo tiempo empezaron 4 mujeres a entrar en un estado de pánico genérico, que si no fuera porque está escrito parecería una broma de mal gusto.
La primera puso en su muro: Auxilio, auxilio me muero.

Y aunque no la conozco no se me hizo de humanos ignorar la petición de ayuda y preguntar. ¿Qué te sucede?, y ahí empezó a narrar como su cuerpo en evidente deterioro, estaba en un grave estado de deshidratación, diarrea y vómito, y que realmente se estaba muriendo.

Por mi mente pasaron muchas cosas ¿Estás sola? ¿Con quién vives? ¿Qué estas tomando? Etc. Etc. Ante las preguntas me enteré de que efectivamente estaba sola, era en la madrugada y vivía en un municipio cerca de Monterrey.

El caso se complicaba porque yo solo podía recurrir a lo poco que conozco de deshidratación y de lo que si conozco bastante, era, que ya había entrado en un estado de pánico y el miedo la tenía paralizada.

Ante todas las sugerencias que le di, ninguna funcionó, pero lo único que aprendí es que nadie puede ser ayudado si no se ayuda a si misma.
Una mujer más, a la cual si conocía lloraba desesperadamente porque el marido la había abandonado y le era infiel.

Una mujer joven, emprendedora y excelente profesionista, implorándole a el marido que regresara a casa, y el dignamente diciendo que necesitaba tiempo para pensarlo.
La tercera y no menos grave, diciendo.

“no quiero vivir”, “me quiero morir”, desesperada por tener un matrimonio infeliz y donde por muchos años había permanecido sufriendo con la excusa de que sólo se quedaba con su esposo, por sus hijos.

A ella no la conocía, pero hacía más de un año me había pedido asesoría por mail, quejándose de lo mismo. Al preguntarle ¿por qué en tanto tiempo no había hecho nada? Me respondió, con una actitud estóica, no, eso no es nada, lo vengo sufriendo desde hace más de 10 años.

Lección aprendida Martha Sáenz…quédate callada.
Y para cerrar con broche de oro, una persona muy conocida mía se quejaba amargamente de que al entrar en el celular de su pareja había descubierto que con sus amigos tenía pláticas obscenas y fotos de mujeres que le molestaban mucho.

Ingenuamente inicié con la pregunta: ¿Por qué lees cosas que son privadas? ¿Te menciona o afecta a ti como persona? ¿Te gustaría que a ti te hicieran lo mismo?, pero ella indignada empezó a defenderse con frases como “es mi derecho” “me debe respeto” etc. Ahí le pedí que escuchara lo que yo tenía que decir.

Enérgicamente le dije: detente y escucha. Pero cuando inicié a escribir, continuó escribiendo más, y más y más. Y me percate después de varios párrafos largos narrativos de lo que el marido escribía, que claramente no iba a leer lo que yo escribía, y mucho menos quería escuchar una opinión diferente a la que ella ya se había formado.

Llegó el momento que me detuve, deje de escribir y me puse a analizar este fenómeno que me había ocurrido, cuatro, mujeres, en la madrugada, con una misma actitud.
Si, cuatro mujeres al borde de la histeria.

Todas gritando que querían ser escuchadas, pero lo más importante, todas en el papel de víctimas, declarando que eran incapaces de hacer algo con sus vidas.
Y lo más importante, solo utilizaban la comunicación como catarsis, sacar todo, maldecir, despotricar, y dejar que las cosas siguieran en sus vidas iguales.

Sin la menor intención de arreglar o plantearse arreglarse ellas mismas, donde realmente estaba el problema, lo cual era la solución.
Lección aprendida: Persona que no quiere ayuda profesional, no va a cambiar su vida y lo más triste, que se la pasará lamentándose de lo que sufre.
Si alguien quiere cambiar, siempre tendrá una propuesta de cómo mejorar su vida y se hará responsable de lo que está viviendo.

 

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