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Los indios merodean las salinas, Villa de Reynosa 1771

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domingo, 2 de septiembre de 2012
Por: Antonio Campos Rodríguez
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EN 1771, se estableció el pueblo de la Real Salina de la Purificación del Río . Don Melchor Noriega, inmigrante español , avecindado en la villa de Reynosa de Nuestra Señora de Guadalupe, fue nombrado su administrador.

Desde sus inicios la Real Salina se vio invadida por la presencia de diversos grupos de indios bárbaros , que constantemente merodeaban por la región en busca de alimentos, armas, pieles y todo género de mercaderías ú tiles a su nómada existencia.

Ildefonso Casablanca, trabajador de este bastión de la economía local. Vivió en reiteradas ocasiones los turbulentos ataques de los indios.

En misiva que dirige en el año de 1775, al teniente de capitán y justicia ma yor de esta villa de Reynosa, podemos observar sus angustias y temores.

Afligido señala:

Muy señor mío: como me dejó ordenado mi administrador el señor Melchor Noriega, que siempre que hubiese novedades de los indios enemigos ocurriese a pedir socorro al justicia de esta villa de Reynosa, lo que hago ahora en virtud del mucho riesgo que tengo, pues los más días se están mirando en las medianías y contornos de esta dicha Real Salina, rastros frescos de los indios gentiles enemigos de los mismos que vienen a hacer insultos de muerte y robos, y me hago juicio que é stos andarán reconociendo la tierra y haciéndose capaces de ella.

Bien le consta a vuestra merced. Que cuando llego a pedir socorro, es porque ciertamente lo necesito como el año pasado que por carta del 15 de mayo donde le informé que en el rancho de Santa Anita, bien cercano a dicha salina asaltaron llevándose todo cuanto tenían a su mano.

El corriente día del 16 del mes de marzo, andando yo y m i vaquero en busca de unos caballos que se habían perdido, vimos unos cuantos indios que venían por el mismo camino por donde vinieron los del año pasado.

Cuando le pedí socorro y por cuanto a que nuestros caballos se habían bien fatigados por haber corrido mucha tierra, no reconocimos bien el número que era de dichos indios y sólo reconocimos que venían en la punta cuatro de ellos a caballo, que venían saliendo de un montecillo.

Por lo que se ha de servir vuestra merced de providenciarme algún socorro de manera que se establezca en esta Real Salina un destacamento, porque los compradores de sal, no se arriesgan a venir y comprar y con ello ha desmerecido mucho la venta de sales y como quiera que estos intereses pertenecen a la Real Hacienda, es muy necesario reparar por medio del favor que a vuestra merced pido el demérito que se experimenta de dicho real haber y procurar su aumento que desde luego se conseguirá con la guarnición que le tengo pedida.

Pues no haciéndose así , nos motivaría a despoblar dicha Real Salina, por el mucho riesgo que padecen nuestras vidas pues no tenemos hora segura para que dichos indios nos caigan.

Mayormente cuando nos hallamos yo y mi compañero tan indefensos por ser nosotros solamente dos y los indios enemigos muchos y, sobre todo, señor lo que se siente es el demérito de los intereses de nuestro soberano y como leales vasallos debemos mirar sus causas mejor y primero que las nuestras en cuya atención le escribo esta carta.

[ Rúbrica ]

Ildefonso Casablanca.

Es indudable que para poder soportar una situación tan llena de peligros y amenazas, como en la que se hallaban los protagonistas de esta historia, era necesario estar armado de valor, temeridad y arrojo.

Ildefonso Casablanca nos describe en apenas media página, una pincel ada magistral de sus valores y é tica profesional.

Sus afanes y preocupaciones no están orientados a la preservación de su existencia. En todo caso su petición al edil de Reynosa, es un grito angustioso que clama por ayuda militar, que urgentemente venga a proteger los negocios de su Rey.

Ildefonso y su vaquero son apenas un pequeño ejemplo de la reciedumbre de los hombres y mujeres que a brazo partido arrancaron a estas tierras los frutos sobre los que hoy descansa y continúa la vida de la moderna ciudad de Reynosa.

 

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