El Quinto Elemento
"La esencia crítica de nuestra realidad"
Angélica María Arredondo Arrambide

Recientemente, la presidenta Claudia Sheinbaum manifestó su interés por conocer las causas de la reducción del crecimiento poblacional y de las decisiones de muchas personas jóvenes de postergar la maternidad y la paternidad o de no tener hijos.
El planteamiento pone sobre la mesa una realidad que trasciende las estadísticas: los cambios en los proyectos de vida, las condiciones económicas, las nuevas dinámicas familiares y las expectativas de las generaciones actuales.
Sin embargo, este fenómeno también debe analizarse desde otra perspectiva: ¿qué sucederá con una población que vive más años, tiene menos hijos y enfrenta un mercado laboral que todavía impone barreras por edad?
Aquí es donde la inclusión laboral de las personas mayores de 50, 60 y más años adquiere una dimensión estratégica.
Si la estructura demográfica cambia y la proporción de adultos mayores aumenta, excluir a personas con experiencia y capacidad productiva puede representar un desaprovechamiento importante del capital humano.
No se trata de responsabilizar a las nuevas generaciones por sus decisiones personales ni de asumir que la maternidad o la paternidad son obligaciones sociales.
Se trata de reconocer que las condiciones en las que se construyen las familias, se desarrolla la vida profesional y se organiza la economía están cambiando, y que las políticas públicas deben responder a esa transformación.
La realidad obliga a revisar los modelos tradicionales de jubilación, contratación y desarrollo profesional. Una sociedad con mayor longevidad necesita oportunidades para que las personas puedan seguir participando en la vida económica, siempre que así lo deseen y sus condiciones lo permitan.
El desafío no consiste únicamente en promover la natalidad, sino también en construir un país que garantice condiciones dignas para vivir, trabajar, formar una familia o elegir no hacerlo, así como para envejecer con seguridad económica y autonomía.
Por ello, la discusión sobre la baja natalidad debe vincularse con la necesidad de impulsar una política integral de población, empleo, seguridad social, conciliación familiar e inclusión laboral, en la que las distintas generaciones encuentren oportunidades y no nuevas formas de exclusión.
El futuro demográfico de México no puede analizarse sin hablar del presente laboral de sus adultos mayores. Una sociedad que aspira a ser sostenible también debe aprender a valorar a quienes han contribuido durante décadas a su desarrollo y que todavía tienen mucho que aportar.



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