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Siempre se antoja Puebla

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Por su sabores y saberes, tanto Puebla como otros rincones del estado nunca están de más, para programar un itinerario exquisito y cultural.
viernes, 2 de octubre de 2026
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Agencia/Reforma

Debido a su riqueza arquitectónica, cultural y gastronómica, la ciudad de Puebla de Zaragoza siempre ha tenido un lugar de honor en el turismo mexicano y, recientemente, además de recibir a docenas de gastroturistas que se han propuesto hallar el mejor chile en nogada, también se ha colocado en el gusto de los viajeros que han visto "Mal de Amores".

Sucede que esta serie de Netflix —basada en la novela homónima de la escritora poblana Ángeles Mastretta y dirigida por Catalina Aguilar Mastretta, hija de la autora— ha puesto sobre la mesa el antojo de darse una escapada tanto a la capital poblana como a algunos otros rincones del estado.

Así que si estás programando una travesía con tus familiares o amigos, probablemente te gustaría incluir en tu itinerario sitios icónicos como la Catedral Basílica de Nuestra Señora de la Inmaculada Concepción, data del siglo 16 y, se dice, tomó casi 100 años completarla.

Esta obra fue encomendada por el Virreinato y se conserva en perfectas condiciones.

Otra de las iglesias más visitadas en la capital poblana es el Templo de Santo Domingo, que fue parte del Convento de los dominicos. Anexa, al costado sur, se ubica la Capilla del Rosario, máxima expresión del barroco novohispano, considerada como la "Octava maravilla del mundo", por Fray Diego de Gorozpe en un impreso de 1690 y nombrada "Relicario de América", por el Papa Juan Pablo II en su visita a México, en 1979.

Por otro lado, el Templo de San Francisco, cuya fachada combina cantera gris, ladrillo rojo y vistosos tableros de Talavera poblana, también atrae la mirada de quienes gustan de la arquitectura y el arte sacro.

Sin embargo, una de las visitas imprescindibles se realiza en la Biblioteca Palafoxiana. Fue fundada en 1646 por el obispo Juan de Palafox y Mendoza, quien donó su colección de 5 mil libros para que fueran consultados por quienes quisieran estudiar, lo que la convirtió en la primera biblioteca pública de América.

En 2005, fue inscrita en el programa Memoria del Mundo, de la Unesco y posee más de 45 mil ejemplares.

Toda una delicia resulta pasear por el centro histórico de esta capital, cuyo valor es tan alto que también está inscrito en la lista del Patrimonio Mundial de la Unesco.

Vale la pena merodear por sus calles, por el Pasaje del Ayuntamiento y reconocer su Palacio Municipal.

Amén de la serie y para complementar la visita, hay quienes gustan sacarse la foto del recuerdo en el colorido Callejón de los Sapos y los gastroturistas se dan vuelo degustando desde el icónico chile en nogada (cuya temporada suele acabar los últimos días de septiembre) hasta cemitas y mole poblano.

Los amantes de la azúcar indiscutiblemente llegan a la Calle de los Dulces o de Santa Clara (Avenida 6 Oriente), donde hay dulcerías en las que adquieren camotes, turrones, rompope y las famosas tortitas de Santa Clara, entre otras delicias.

Que nadie se vaya sin visitar el Museo Amparo y el Museo Internacional del Barroco (MIB), y sin comprar creaciones elaboradas en talavera, reconocida como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la Unesco.

Vale la pena extender la escapada por el Pueblo Mágico de Atlixco, conocido por la producción de flores; un buen pretexto para maridar turismo histórico y de naturaleza es la Ex Hacienda de San Mateo y los amantes de la fotografía querrán admirar los llanos del municipio de Oriental.

Más inspiración sobre otros rincones poblanos en (https://visitpuebla.mx/).

 

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