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Septiembre tiene una manera particular de recordarnos quiénes somos. Hay banderas en las calles, música que nos devuelve a la infancia, sabores que reconocemos con los ojos cerrados y una sensación colectiva de pertenencia, pero este año hay otra forma de también celebrar a México: vistiéndolo.
La moda mexicana vive uno de sus momentos más interesantes, una nueva generación de creadores ha demostrado que hablar de México no significa necesariamente recurrir al bordado, al sarape o al estampado.
"México también puede ser una silueta, una textura, una proporción, una manera de entender el cuerpo. Puede ser modernidad", afirma Beatriz Calles, directora del Fashion Week México.
Ahí están, por ejemplo, los diseñadores Vero Solís, Olmos y Flores, Raquel Orozco, Benito Santos, Cancino, René Orozco y Yakampot, cada uno construyendo desde su propio lenguaje una parte de ese gran mosaico que llamamos moda mexicana.
Alfredo Martínez propone una mujer poderosa, urbana, sensual, que parece caminar con la seguridad de quien sabe perfectamente quién es. Benito Santos convierte el vestido en una declaración de orgullo, hay en sus creaciones una vocación de gala, de celebración, de México que quiere verse y ser visto.
Olmos y Flores recuperan colores, paisajes, símbolos y tradiciones mexicanas, pero con una estética fluida y más actual.
Lo extraordinario es que ninguno necesita disfrazar a México de México porque la identidad está ahí, incluso cuando no se ve a primera vista.
Durante mucho tiempo se pensó que la moda mexicana tenía que demostrar su origen. Hoy ocurre lo contrario, nuestros diseñadores pueden apropiarse de las referencias universales y transformarlas desde una sensibilidad propia, pueden mirar a París, Nueva York o Milán y regresar a México con nuevas preguntas, sin perder la brújula.
Y quizá ésa sea la mejor manera de celebrar la Independencia, no mirar hacia atrás con nostalgia, sino hacia adelante con orgullo. Septiembre nos recuerda que México es una suma de colores, regiones, historias, oficios y contradicciones.
Por eso, cuando vemos desfilar a nuestros diseñadores, no estamos solamente viendo ropa, estamos viendo un País que se reinventa, se atreve, crea y que entiende que su identidad no está encerrada en un museo.
La moda mexicana está viva porque está en las manos de quienes cortan una tela, construyen una silueta y deciden que una prenda puede llevar el nombre de México por todo el mundo.
Por eso, en este septiembre, México no sólo se celebra, se viste.












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