Israel anunció la demolición de una infraestructura subterránea clave de Hezbolá en el sur de Líbano, operación que generó explosiones de gran magnitud registradas incluso como un sismo de 4.1 por el Servicio Geológico de Estados Unidos.
Los estallidos se sintieron hasta la ciudad de Sidón, a 40 kilómetros de Beirut, lo que evidencia la potencia del ataque.
El gobierno israelí, encabezado por Benjamin Netanyahu y su ministro de Defensa, Israel Katz, aseguró que los túneles eran utilizados por el grupo proiraní para lanzar drones y misiles contra posiciones militares, además de servir como depósitos de armas y refugio para combatientes.
La acción busca neutralizar la capacidad ofensiva de Hezbolá en la frontera, en un contexto de creciente tensión regional.
La operación no solo tiene un impacto militar, sino también simbólico: Israel pretende mostrar control sobre las amenazas subterráneas que, según sus fuerzas, representan un riesgo directo para su seguridad nacional.
Sin embargo, la magnitud de las explosiones y el temblor asociado reflejan el nivel de riesgo que estas acciones implican para la estabilidad del sur de Líbano y la población civil cercana.




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