El Quinto Elemento
"La esencia crítica de nuestra realidad"
Angélica María Arredondo Arrambide
Sin embargo, de vez en cuando surgen asentamientos, algunos imperceptibles, que forman parte de la reflexión en torno al tema que hoy nos ocupa.
Nuestro planeta, a lo largo de los últimos meses, ha enviado mensajes claros sobre los cambios permanentes que experimenta por diversos motivos. Para comprender este lenguaje, para entender cuándo y cómo la Tierra habla, es primordial escuchar a los especialistas en geología que han dedicado su vida a estudiarla.
Por ello, hoy destaco, con profundo reconocimiento, la loable labor de enseñanza realizada durante años por el ingeniero geólogo *Ricardo Martínez Mellado*, académico del Instituto Tecnológico de Ciudad Madero y orgullosamente tamaulipeco.
Su trayectoria está vinculada con las Ciencias de la Tierra, la geología estructural y el trabajo de campo, además de su importante labor en la formación de generaciones de estudiantes y profesionistas de las Geociencias.
Al compartir sus conocimientos con los alumnos, los ha llevado más allá de las clases teóricas para convertirlos en observadores directos de las estructuras rocosas.
En la Sierra Madre Oriental, los estudiantes tienen la oportunidad de estudiar pliegues, deformaciones, estratigrafía y diferentes formaciones geológicas, adquiriendo conocimientos sobre la transformación del territorio provocada por las fuerzas internas del planeta a lo largo de millones de años.
Al preguntarnos por qué se han registrado movimientos de la Tierra en lugares donde aparentemente nunca antes habían ocurrido, la geología ofrece una explicación basada en los procesos que tienen lugar en el interior del planeta.
Las rocas están sometidas durante largos periodos a diferentes tipos de presión y esfuerzo, acumulando deformaciones hasta que, bajo determinadas condiciones, se libera energía mediante un desplazamiento o una ruptura.
Este proceso genera ondas sísmicas que viajan por el subsuelo y pueden llegar a la superficie con distintas magnitudes e intensidades.
Bajo esta premisa, el trabajo de los geólogos, y en especial el del académico Ricardo Martínez Mellado, va mucho más allá de un aula escolar.
Implica formar profesionistas capaces de observar y leer las evidencias que permanecen registradas en las superficies rocosas: fallas, fracturas, pliegues y deformaciones que cuentan la historia de la Tierra de una manera distinta, a través de las páginas escritas por los fenómenos que han ocurrido a lo largo del tiempo.
El trabajo académico de especialistas como Ricardo Martínez Mellado trasciende mas allá de las aulas. No solamente busca preparar profesionistas para la industria energética o la investigación; también proporciona herramientas para interpretar el territorio y comprender los procesos naturales.
Esto permite a los estudiantes analizar directamente las estructuras de montañas y cerros de la región y relacionarlas con los procesos que les dieron origen.
De hecho, Martínez Mellado ha señalado públicamente que el campo de las Geociencias va mucho más allá del petróleo y comprende áreas relacionadas con distintas fuentes de energía.
Quizá una de las lecciones más importantes de la geología sea que .La Tierra tiene memoria, ya que las rocas conservan huellas de movimientos y transformaciones provocados por fuerzas que han actuado durante millones de años.
Su estructura permite reconstruir una parte importante de la historia tectónica de una región y comprender los procesos que han moldeado el territorio.
Mientras nosotros sentimos la onda vibratoria de un sismo, manifestada en ocasiones mediante ruidos, movimientos de estructuras y objetos que pueden provocar incertidumbre y temor, para el especialista estos fenómenos geológicos forman parte de una historia mucho más amplia: la de una Tierra que nunca ha permanecido completamente quieta.
Una de las mayores aportaciones del geólogo tamaulipeco, a través de sus innumerables cátedras y años de enseñanza, es transmitir conocimiento a los universitarios para que aprendan a leer las señales de un planeta dinámico.
Porque conocer la Tierra también significa aprender a convivir con ella. Significa comprender sus procesos, reconocer sus riesgos y fomentar una cultura de conocimiento, responsabilidad y prevención.
Y cuando la tierra habla, la ciencia nos invita a escucharla.



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