El Quinto Elemento
"La esencia crítica de nuestra realidad"
Angélica María Arredondo Arrambide
La escasez de agua no constituye únicamente un problema ambiental; también incide en la agricultura, la industria, la vivienda, el desarrollo de ciudades sostenibles, la salud, la educación y la seguridad hídrica.
En este contexto, la discusión sobre el futuro económico de Tamaulipas no debe concentrarse exclusivamente en la infraestructura carretera, los parques industriales, los puertos, el comercio exterior y el T-MEC.
El agua puede convertirse en un factor tan determinante como cualquiera de estos elementos.
Recientemente se informó que diez municipios de la frontera norte del estado —Nuevo Laredo, Guerrero, Mier, Miguel Alemán, Camargo, Gustavo Díaz Ordaz, Reynosa, Río Bravo, Valle Hermoso y Matamoros— permanecen en semáforo rojo debido a los bajos niveles de las presas internacionales, a la severa sequía y a la escasez de lluvias en esta región del país.
En cuanto a las presas La Amistad y Falcón, fundamentales para el abastecimiento de los municipios fronterizos, ambas registraron algunos de los niveles más bajos de la historia reciente.
Su capacidad conjunta supera los 7 mil millones de metros cúbicos; sin embargo, sus niveles se encontraban considerablemente comprometidos, de acuerdo con los reportes de las autoridades gubernamentales correspondientes al mes de mayo de este año.
Aunque durante junio se observó una recuperación, al pasar de 105 a 245 millones de metros cúbicos en conjunto gracias a las lluvias, se trató de una mejoría temporal que no resuelve el problema estructural.
A la fecha, los municipios anteriormente mencionados permanecen en semáforo rojo. Esta situación debe generar conciencia entre los usuarios y promover, en las familias, empresas, comercios, escuelas e instituciones, una verdadera cultura de uso responsable, conservación, reutilización, racionamiento y ahorro de este recurso, considerado por muchos como el “oro transparente”.
La intensa actividad manufacturera y los elevados volúmenes de agua que requiere, aunados a la posibilidad de continuar atrayendo inversiones con la garantía de mantener los procesos productivos, constituyen un tema de relevancia estatal y nacional.
Por ello, debe ser abordado por los representantes de los organismos empresariales, especialistas e instituciones vinculadas con el sector.
La operación de las ciudades fronterizas depende de una compleja cadena hidráulica binacional que debe ser protegida y supervisada por las autoridades federales, a fin de evitar que los cauces sean desviados hacia terrenos particulares en ambos lados de la frontera, en perjuicio de miles de ciudadanos.
Esta problemática no se limita a las ciudades. También afecta al Distrito de Riego 026 Bajo Río San Juan, que comprende municipios de la región Ribereña hasta Reynosa y Río Bravo.
Este distrito cuenta con una superficie regable de 76,689.6 hectáreas y aproximadamente 4,854 usuarios, lo que lo convierte en una de las zonas agrícolas más importantes de Tamaulipas.
Ante los problemas derivados de una infraestructura deficiente, se informó que durante 2025 se ejercieron 499.87 millones de pesos para la rehabilitación y modernización de infraestructura hidroagrícola.
Para el año en curso se programaron 949.72 millones de pesos, lo que representa una inversión productiva de gran relevancia.
Cabe preguntarse: ¿por qué invertir casi mil millones de pesos?
La respuesta es clara: cuando el agua se pierde, también se generan pérdidas económicas.
Nuestra frontera, además, enfrenta condiciones particulares que no se presentan en otras regiones, debido a que el agua es un recurso binacional.
El río Bravo atraviesa una región compartida por México y Estados Unidos y está sujeto a acuerdos internacionales, entre ellos el Tratado de Aguas de 1944.
Al concluir esta reflexión, debemos tener presente que Tamaulipas no puede disponer del recurso de manera exclusiva, ya que su disponibilidad depende de factores como las precipitaciones, el almacenamiento de las presas, la extracción, la actividad agrícola, el consumo urbano, el crecimiento industrial, las condiciones climáticas y los acuerdos entre ambos países.
Todo ello convierte al agua en mucho más que un recurso natural.
El agua es ya un asunto de seguridad económica, social y estratégica para Tamaulipas y, particularmente, para sus ciudades fronterizas.
La pregunta que debemos plantearnos desde ahora no es únicamente cuánta inversión puede llegar a la frontera, sino si tendremos suficiente agua para sostener el crecimiento económico, industrial, agrícola y poblacional que buscamos.
Porque, en el nuevo escenario económico de la frontera norte, el agua puede convertirse en el principal factor de competitividad o en el mayor límite para nuestro desarrollo.












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