
El Senado de Estados Unidos aprobó el viernes, por amplia mayoría, un nuevo paquete de sanciones dirigido principalmente contra la industria energética rusa.
La iniciativa, que aún debe ser votada en la Cámara de Representantes tras el receso legislativo de verano, contempla sanciones a funcionarios, oligarcas, instituciones financieras y a la llamada “flota fantasma” utilizada para evadir restricciones en la exportación de crudo.
El proyecto también autoriza al presidente Donald Trump a imponer aranceles de hasta 500% sobre importaciones rusas, incluidos petróleo y gas, y tarifas de hasta 100% a bienes provenientes de países que compren hidrocarburos rusos, como China e India.
Los impulsores de la medida sostienen que golpear los ingresos energéticos es clave para debilitar la capacidad del presidente ruso, Vladimir Putin, de financiar la guerra en Ucrania.
“Esta ley nos acerca al fin del conflicto”, afirmó el senador republicano Jim Risch, presidente de la Comisión de Asuntos Exteriores.
El paquete lleva el nombre del fallecido senador Lindsey Graham, quien murió el 11 de julio tras haber trabajado más de un año en la iniciativa y alcanzado un acuerdo con la Casa Blanca poco antes de su muerte.
La senadora demócrata Jeanne Shaheen destacó que el proyecto “golpea muy duramente los sectores energético y financiero de Rusia”.
Moscú, por su parte, condenó la propuesta y advirtió que perjudica a la administración estadounidense.
La presión internacional sobre Rusia también aumenta desde Europa, donde la Unión Europea aprobó recientemente una nueva ronda de sanciones, aunque suavizada respecto a versiones anteriores.
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