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Carolina Herrera lleva décadas defendiendo la sofisticación diurna. Camisas blancas impecables, vestidos camiseros, faldas amplias de algodón y una paleta luminosa convierten el clima cálido en un aliado de la elegancia.
También apuesta a los sencillos vestidos con lunares, uno de sus grandes motivos que trasciende temporadas.
Es el uniforme perfecto para recorrer una avenida arbolada, entrar a una galería o almorzar en una terraza.
Sus colecciones celebran el color sin estridencias y convierten cualquier compromiso diurno en una ocasión especial.
Por otra parte, Ferragamo apuesta por los bloques de color en tonos contrastantes que incluyen el famoso tono naranja, uno de los grandes triunfadores de este verano.
El común denominador entre estas firmas es muy claro: el verano en la ciudad ya no se construye con prendas deportivas ni únicamente vistiendo con básicos informales.
Hoy en día se privilegian los linos lavados, las sedas ligeras, el algodón de alta calidad, las sandalias de piel, los pañuelos de seda, los sombreros de ala amplia y las gafas de líneas depuradas.
De esta manera, la comodidad y el refinamiento han dejado de ser conceptos opuestos.
Porque el verdadero lujo del verano urbano no consiste en escapar de la ciudad. Consiste en aprender a recorrerla con la misma ligereza con la que una brisa atraviesa una terraza al caer la tarde.
En esa ecuación, las grandes maisons recuerdan que el mejor destino de la temporada puede estar a la vuelta de la esquina, siempre que el guardarropa esté dispuesto a acompañar el viaje.












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