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Aunque algunos vean en el sobrepeso y la obesidad algo superficial y meramente estético, lo cierto es que la adiposidad puede ser muy perjudicial para varios órganos vitales, incluido el hígado.
"Cuando la gente piensa en la obesidad, se preocupa de la imagen, vale. Pero cuando no hay lugar para la grasa en el cuerpo, empieza a entrar en los órganos y a destruirlos", advierte en entrevista Jeffrey V. Lazarus, académico del Instituto de Salud Global de Barcelona y promotor de la salud hepática.
"Es como el motor de un carro: Cuando no se cambia el aceite, pues en algún momento empieza a no funcionar; de pronto, el coche no va, y hay que reemplazar el motor", ilustra el epidemiólogo.
"También se puede cambiar el hígado, pero no lo aconsejo. Es una operación complicada -no siempre tiene éxito-, es caro y, además, hay una falta de hígados".
De ahí que prevenir ese daño resulte siempre la mejor intervención. Y, sin embargo, en México se le suele pasar por alto hasta que ya es demasiado tarde.
Cerca de la mitad de la población adulta en el País podría estar padeciendo en algún grado la enfermedad hepática esteatósica asociada a la disfunción metabólica (MASLD, por sus siglas en inglés), también conocida como hígado graso, de acuerdo con un análisis liderado por Lazarus, quien lo presentó hace unos días en el Congreso Internacional sobre Obesidad (ICO) celebrado en la Ciudad de México.
Publicado en Archives of Medical Research, el estudio de detección multicéntrico realizado en cinco estados del País encontró que el 47 por ciento de los participantes cumplían con los criterios diagnósticos para esta afección, misma que se produce cuando se acumula grasa en el hígado, en conjunto con factores de riesgo cardiometabólico como la obesidad y la diabetes tipo 2.
Pese a ello, y a que representa ya la quinta causa principal de muerte en México, con más de 19 mil fallecimientos registrados sólo en el primer semestre de 2025, este mal hepático no estaría recibiendo la atención necesaria ni por parte de los profesionales de la salud ni de los tomadores de decisión; "los médicos no lo hablan, los políticos no lo hablan", señala Lazarus.
"No se menciona la enfermedad. Es una enfermedad que está afectando a casi la mitad de mexicanos, y a más de la mitad de la gente con obesidad y con diabetes tipo 2, y no se menciona", insiste, en un muy claro español, el especialista estadounidense.
"Éste es un País que se destaca a nivel mundial por la prevalencia de sobrepeso y obesidad -por eso es tan importante que el ICO se haga aquí-; es un gran problema aquí, y las complicaciones son muchas, hay 200 complicaciones.
Una de las mayores, de la que no se habla, es precisamente esta enfermedad (MASLD), que empieza a destruir el hígado con cicatrices, lo que se llama fibrosis".
Aproximadamente 1 de cada 5 personas con MASLD desarrolla una forma inflamatoria progresiva, conocida como MASH (siglas en inglés para esteatohepatitis asociada a disfunción metabólica), que puede conducir a cirrosis y cáncer de hígado.
De hecho, la enfermedad hepática constituye la principal causa de cirrosis en los centros de referencia mexicanos, representando el 42.8 por ciento de los casos entre 2018 y 2024.
Ante tal panorama, quienes llevaron a cabo este análisis recomiendan que dicho mal hepático no sea visto como un asunto aparte, sino que se le considere en los planes de acción y estrategias contra obesidad y diabetes existentes.
La idea es clara: "Donde hay diabetes tipo 2, hay esta enfermedad; donde hay obesidad, hay esta enfermedad", subraya Lazarus.
"Ésas son condiciones indicadoras: Cuando lo ves, sabes que probablemente hay hígado graso, y hay que diagnosticar si hay una fibrosis o no", prosigue.
"El diagnóstico tardío es un gran problema. La mayoría de la gente (recibe atención cuando) ya tiene cirrosis o una fibrosis muy avanzada.
Hay que diagnosticar y encontrar a esta gente antes".
Esto se lograría, según sugieren los autores del estudio, incorporando algo tan sencillo como las llamadas pruebas de perfil o de función hepática en los análisis de sangre que son rutinarios en la atención de diabetes y obesidad.
Asimismo, habría que integrar indicadores de salud hepática en la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición (Ensanut); "lo que hay que preguntar es si (los encuestados) han sido diagnosticados con esta enfermedad", señala Lazarus.
"Así cómo se pregunta: '¿Usted tiene diabetes?', pues hay que preguntar (por la enfermedad hepática). Al hacerlo, mucha gente va a decir que ni la conoce", anticipa el especialista, refiriendo ello como el punto de partida para concientizar a la población.
"Lo que tiene que entender la gente es que si tienes diabetes tipo 2 y tienes obesidad, y no te han hecho una prueba sobre el hígado, pues mal".
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