El Quinto Elemento
"La esencia crítica de nuestra realidad"
Angélica María Arredondo Arrambide

Se trata de uno de los pilares fundamentales para el funcionamiento de cualquier partido político y para la estabilidad de un gobierno, en momentos en que la actuación de los actores públicos es observada y cuestionada no solo por los propios círculos políticos, sino por una sociedad cada vez más participativa, crítica e informada.
La operación política no debe entenderse únicamente como la capacidad para negociar acuerdos o resolver conflictos. Su verdadero alcance va mucho más allá.
Implica contar con liderazgo, inteligencia emocional, ética, capacidad de diálogo y visión estratégica para construir consensos, mantener la gobernabilidad, comunicar decisiones de manera efectiva y articular los intereses de los distintos sectores sociales, económicos e institucionales.
De esa capacidad depende, en buena medida, que las políticas públicas puedan implementarse con legitimidad y que los cambios necesarios encuentren respaldo social en una democracia que exige resultados.
Dentro de un partido político, la operación política fortalece la unidad interna, coordina liderazgos, resuelve diferencias entre grupos y consolida estrategias electorales congruentes entre el discurso y los hechos.
Un verdadero operador político conoce las fortalezas y debilidades de su organización; promueve acuerdos entre las distintas corrientes, domina los temas que están en la agenda pública y mantiene una comunicación permanente con la militancia y con los diferentes sectores de la sociedad.
Hoy la política enfrenta una realidad distinta. Ya no basta con construir una imagen atractiva en redes sociales, encabezar encuestas momentáneas o recorrer el territorio únicamente en tiempos electorales.
Tampoco es suficiente que un funcionario aspire a una candidatura solo por cumplir con las responsabilidades inherentes a su cargo. La representación política demanda algo más profundo: formación, convicción, militancia, respeto por las instituciones, conocimiento del marco jurídico y, sobre todo, experiencia en la construcción de acuerdos.
La política no puede reducirse a una estrategia de posicionamiento personal.
En el ejercicio de gobierno, la operación política adquiere una dimensión aún mayor. Su función consiste en generar condiciones de gobernabilidad mediante el diálogo permanente entre los Poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial, así como con los gobiernos estatales y municipales, el sector empresarial, las organizaciones sindicales y la sociedad civil.
De la solidez de esa interlocución dependerán la aprobación de presupuestos, la viabilidad de las reformas y la capacidad institucional para enfrentar momentos de crisis con responsabilidad y eficacia.
Toda decisión gubernamental atraviesa por un proceso complejo en el que convergen factores técnicos, jurídicos, financieros y políticos.
Lograr el equilibrio entre ellos representa uno de los mayores retos para quienes ejercen el poder, pues no basta con que una decisión sea técnicamente correcta; también debe ser políticamente viable y socialmente aceptada.
A ello se suman nuevos desafíos. Hoy existe un escrutinio ciudadano permanente impulsado por las redes sociales, donde la información circula de manera inmediata, pero también la desinformación y las noticias falsas.
La polarización política obliga a los gobiernos y a los partidos a fortalecer la transparencia, la rendición de cuentas, el diálogo abierto y la comunicación directa con la ciudadanía.
En este contexto, la operación política requiere profesionales con experiencia, capacidad de negociación y sensibilidad para interpretar el sentir ciudadano, apoyándose también en el análisis de datos y en estrategias de comunicación responsables.
La democracia moderna demanda mucho más que administradores públicos o candidatos populares. Exige operadores políticos capaces de construir puentes, prevenir conflictos y generar consensos en beneficio del interés colectivo.
Porque, al final, la buena política no se mide por el número de seguidores en una red social ni por la popularidad de una encuesta; se mide por la capacidad de tomar decisiones acertadas, mantener la estabilidad institucional y responder con eficacia a las necesidades de la sociedad.
Ese sigue siendo, hoy más que nunca, el verdadero valor de la operación política.



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