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Estados Unidos lanzó la ofensiva militar más amplia de las últimas semanas contra infraestructura estratégica de Irán, al atacar más de 170 objetivos militares en distintos puntos del país, mientras el presidente Donald Trump aseguró que aún está dispuesto a retomar las negociaciones con Teherán, aunque advirtió que "¡el alto el fuego ha terminado!", dejando en incertidumbre el rumbo que seguirá su administración.
De acuerdo con The Wall Street Journal, las fuerzas estadounidenses intensificaron sus operaciones durante los últimos dos días en una de las campañas aéreas más extensas desde el inicio del conflicto.
El Pentágono informó que los ataques estuvieron dirigidos contra sistemas de defensa antiaérea, depósitos de misiles y drones, radares, equipos de vigilancia costera, infraestructura logística, lanchas rápidas de la Guardia Revolucionaria y diversas posiciones militares ubicadas principalmente en el sur de Irán, cerca del Estrecho de Ormuz.
Analistas consultados por el diario estadounidense señalaron que la magnitud de la ofensiva representa un mensaje directo de la administración Trump al gobierno iraní, al demostrar que Washington está dispuesto a ampliar el alcance de la guerra e incluso atacar infraestructura de uso dual, con funciones militares y civiles, si Teherán continúa amenazando la navegación internacional.
La nueva escalada se produjo después de que Irán atacara embarcaciones comerciales en el Estrecho de Ormuz, una de las rutas marítimas más importantes para el comercio mundial de petróleo, provocando una respuesta inmediata de Estados Unidos.
Un día después de la primera ofensiva, Washington volvió a bombardear territorio iraní, ampliando la operación militar, mientras Teherán respondió con nuevos ataques contra intereses estadounidenses en la región, incrementando el riesgo de un enfrentamiento de mayor escala.
Según el Comando Central de Estados Unidos (Centcom), la segunda ronda de operaciones incluyó ataques contra otros 90 objetivos militares con el propósito de "debilitar aún más la capacidad de Irán para atacar buques mercantes y marineros civiles inocentes en el Estrecho de Ormuz".
Entre los blancos figuraron sistemas antiaéreos, infraestructura naval, centros logísticos, capacidades de vigilancia costera, así como puentes y vías férreas que, de acuerdo con funcionarios estadounidenses, eran utilizados para transportar misiles, drones y equipo militar hacia el sur del país.
El Pentágono sostuvo que la campaña busca impedir que Irán reconstruya rápidamente sus capacidades militares. Funcionarios estadounidenses explicaron que la destrucción de infraestructura ferroviaria y de transporte pretende dificultar el desplazamiento de armamento hacia las zonas de combate.
La tensión también se extendió a otros países del Golfo Pérsico. Funcionarios estadounidenses aseguraron que Irán respondió con ataques contra Kuwait y Baréin, naciones que albergan importantes bases militares de Estados Unidos y que han respaldado las operaciones de Washington desde el inicio del conflicto.
En tanto, Jordania informó que interceptó ocho misiles iraníes que atravesaban su espacio aéreo. De acuerdo con autoridades estadounidenses, Estados Unidos y sus aliados lograron derribar la mayoría de los proyectiles lanzados por Irán.
Paralelamente, The Wall Street Journal reveló que Israel compartió con Estados Unidos información de inteligencia sobre un presunto nuevo plan iraní para asesinar al presidente Donald Trump, lo que añade un nuevo elemento de tensión a un conflicto que continúa escalando en Medio Oriente.
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