Jorge Chávez Mijares

Locuras Cuerdas

 

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El PAN de Cabeza de Vaca: La caída de un imperio

martes, 21 de julio de 2026
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Querido lector, existe un instante casi imperceptible en la Historia de todos los poderes en el que quienes gobiernan dejan de administrar una victoria y comienzan a creer que administran un destino.

Ese momento es peligroso. Los antiguos griegos tenían una palabra para describirlo: hybris. Era la desmesura del hombre que, embriagado por sus triunfos, olvidaba sus límites.

La arrogancia que nacía no de la derrota, sino precisamente del exceso de victoria. El conquistador que un día dejaba de preguntarse cómo conservar lo alcanzado porque comenzaba a creer que aquello le pertenecía por derecho natural.

La historia universal está llena de imperios que no fueron derrotados primero desde afuera, sino desde adentro, cuando confundieron la permanencia con la eternidad.

Roma fue quizá el ejemplo más poderoso. Durante siglos sus legiones cruzaron territorios, sometieron pueblos, construyeron caminos, levantaron ciudades y diseñaron un sistema jurídico cuya influencia todavía llega hasta nuestros días.

Llegó un momento en que decir Roma era prácticamente decir el mundo. No por casualidad nació la idea de la Roma eterna.

¿Cómo podría caer aquello que parecía haber ordenado la civilización misma? Pero el gran error de Roma fue pensar que una larga historia de éxitos representaba una garantía del futuro.

Que las victorias pasadas eran una especie de contrato firmado con la eternidad. Olvidaron que ningún imperio recibe escrituras de propiedad sobre el mañana.

China vivió episodios semejantes. Sus grandes dinastías habían creado una cultura refinada, una administración impresionante, avances tecnológicos y una visión del mundo donde ellos eran el centro del equilibrio universal.

Afuera estaban los otros. Los pueblos de las estepas, los que parecían incapaces de desafiar siglos de grandeza imperial, hasta que llegaron los mongoles.

La historia volvió a recordar una vieja enseñanza, ningún muro, por grande que sea, protege para siempre cuando adentro comienza a crecer la confianza excesiva.

Y quizá uno de los choques culturales más dramáticos, hablando de pueblos originales, hoy tan de moda, ocurrió con el Imperio mexica.

Su universo tenía una explicación completa, sus dioses, sus calendarios, sus sacrificios, sus estructuras de mando y su dominio sobre otros pueblos.

Su poder era tan grande dentro de su mundo conocido que resultaba casi imposible imaginar una realidad distinta. Pero entonces apareció un acontecimiento que no estaba escrito dentro de sus categorías, la llegada de los españoles y el inicio de la Conquista.

Tres civilizaciones diferentes. Tres momentos distintos. Una misma advertencia: El poder que se cree eterno comienza a construir su propia fragilidad y de alguna manera, guardando las enormes proporciones de la historia, la política también tiene sus pequeños imperios.

La reciente elección interna para renovar la dirigencia estatal del PAN en Tamaulipas se desarrolló en medio de una batalla que dejó al descubierto fracturas acumuladas durante años.

Lo que en otro momento fue una estructura disciplinada alrededor del poder terminó convertido en una competencia interna marcada por acusaciones, señalamientos y una evidente disputa por el control del partido.

El resultado favoreció a la fórmula encabezada por el diputado federal César “El Truco” Verástegui Ostos, exsecretario general de Gobierno durante la administración panista de Francisco García Cabeza de Vaca, acompañado por Gloria Garza Jiménez, quienes compitieron contra la planilla integrada por Omeheira López Reyna y Francisco Javier Garza de Coss.

Más allá de los nombres, la lectura política fue inevitable.

Dentro del propio panismo tamaulipeco muchos observaron esta contienda como una lucha entre antiguos aliados que alguna vez caminaron juntos hacia la conquista del poder.

Por un lado, un grupo encabezado por Verástegui que representaba a sectores del partido inconformes con el control ejercido durante años por el exgobernador.

Por el otro, una fórmula que distintos actores identificaban como cercana al grupo político de Cabeza de Vaca.

De acuerdo con el acta de cómputo estatal, en una elección con participación aproximada del 55% de la militancia, la fórmula ganadora obtuvo 3 mil 737 votos frente a 1,239 de sus adversarios, además de 24 sufragios nulos, dentro de un padrón cercano a los nueve mil militantes registrados.

Sin embargo, como suele ocurrir en muchas batallas políticas mexicanas, la derrota no llegó acompañada del reconocimiento inmediato.

Francisco Javier Garza de Coss cuestionó el proceso al afirmar que la jornada había estado marcada por irregularidades y presunta compra de votos, incluso vinculándola con recursos de procedencia ilícita, aunque hasta ese momento sin presentar públicamente elementos que comprobaran sus señalamientos.

De confirmarse el triunfo del grupo encabezado por Verástegui, podría representar el cierre simbólico de una etapa de casi catorce años donde la influencia política de Cabeza de Vaca marcó profundamente la vida interna del PAN tamaulipeco.

Una época donde, para sus críticos, la identidad partidista terminó siendo desplazada por un proyecto personal de poder. Donde la marca individual llegó a pesar tanto —o quizá más— que la propia institución que la llevó al gobierno.

Durante años fueron pocas las voces internas que confrontaron ese liderazgo. Una de ellas fue Leticia Salazar, quien intentó construir una ruta distinta dentro del panismo y terminó enfrentando una compleja batalla política y jurídica, hasta que finalmente las circunstancias obligaron a nuevos entendimientos.

La historia tiene una curiosa manera de repetirse. Cambian los escenarios, los nombres y las épocas, pero permanece la misma pregunta: ¿Qué sucede cuando alguien conquista tanto poder que empieza a imaginar que siempre será suyo? Roma pensó que sus caminos nunca dejarían de conducir hacia ella.

Las dinastías chinas creyeron que sus murallas eran más fuertes que los cambios de la historia. Los mexicas pensaron que su universo conocido era todo el universo posible.

Querido y dilecto lector, todo politico inteligente debe entender que el tiempo suele tener una paciencia que los poderosos no tienen. Porque los imperios rara vez caen el día que pierden una batalla.

Muchas veces empiezan a caer el día que olvidan que también podían perderla. Eso le sucedió a Cabeza de Vaca.

El tiempo hablará.

 

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