
Por: La Prensa/Reporte
La escena, captada en un crucero de Reynosa, refleja una realidad que contrasta con las celebraciones, los restaurantes llenos y los regalos del 10 de Mayo.
Mientras algunas familias festejan, otras madres pasan el día intentando conseguir unas monedas para alimentar a sus hijos.
Con bebés en brazos, mochilas desgastadas y rostros marcados por el cansancio, estas mujeres permanecen durante horas en las esquinas, expuestas al calor extremo y al riesgo constante de las avenidas, esperando la solidaridad de algún automovilista.
En muchos casos, son madres que dejaron sus comunidades de origen buscando mejores oportunidades, pero terminaron sobreviviendo entre cruceros y banquetas, acompañadas por menores que crecen viendo la calle como parte de su infancia cotidiana.
Este 10 de Mayo, lejos de los festejos y las flores, para ellas la prioridad sigue siendo la misma: conseguir algo para comer, proteger a sus hijos del sol y esperar que la jornada deje al menos unas monedas para sobrevivir un día más.
Porque mientras Reynosa celebra a las madres, hay otras que parecen no tener tiempo para celebrar.

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