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Ejido Congregación Garza.– El silencio que habitó las aulas de la escuela primaria "Francisco I. Madero" por casi dos años finalmente fué reemplazado por el murmullo de los libros y el eco de las risas ya que, en un acto que trasciende la simple reapertura de un edificio, esta comunidad —conocida como El Charco— logró recuperar el motor de su futuro.
La reapertura fué el resultado de una resistencia colectiva, tras año y medio de aulas cerradas, la gestión incansable de los padres de familia, Mauro Barrera del sector agrario, la señora Angélica Trejo y la Regidora Mary Zapata, demostraron que el derecho a la educación en las zonas rurales no es negociable.
El cierre del plantel fué una herida en la estructura social del ejido ya que la escuela contaba con una matrícula de 17 estudiantes; tras el cierre, el destino de estos niños se dividió injustamente porque más de una decena de alumnos se vieron obligados a trasladarse diariamente hasta la ciudad para no interrumpir su formación.
Aquellos que no contaban con los medios para el traslado, permanecieron en el ejido, viendo sus sueños académicos en pausa por un plantel cerrado que atiende a unos cinco ejidos a través de los programas de CONAFE, pero hoy los padres y vecinos se unieron para realizar labores de mantenimiento en el plantel.
La "Francisco I. Madero" es el faro de El Charco y sus alrededores y abrir sus puertas es un acto de justicia para los 17 niños originales y una inversión en el tejido social de Tamaulipas.
Con imágenes de Alfonso Madera Martínez.













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