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El autismo ha cobrado una mayor visibilidad. Cada vez se conocen más niños y niñas con esta condición y entonces surge la pregunta: ¿están aumentando los casos o simplemente se diagnostican más?
A nivel mundial los datos epidemiológicos muestran un aumento sostenido del Trastorno del Espectro Autista (TEA), término clínico oficial, pero es erróneo considerarlo una epidemia de autismo, indica la paidopsiquiatra Violeta Núñez Montemayor, integrante del equipo de especialistas fundadores de la Asociación de Psiquiatría Infantil y de la Adolescencia del Noreste.
La evidencia científica señala que el incremento no puede interpretarse sólo como un aumento de casos desde el punto de vista biológico, aclara, porque esto responde principalmente a una mejor identificación del espectro.
"Una parte importante del incremento se relaciona con cambios en los criterios diagnósticos y con la ampliación del concepto de espectro autista", dice la investigadora en salud mental con más de 25 años de experiencia.
"Esto permitió incluir perfiles más amplios y heterogéneos, incluyendo niños con mayor nivel cognitivo, mejor lenguaje o manifestaciones más sutiles que antes no eran diagnosticados".
En el 2013, el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales en su quinta y más reciente edición (DSM-5) eliminó el síndrome de Asperger y otros subtipos como diagnósticos independientes para fusionarlos todos como TEA, diferenciándolos en tres niveles.
El DSM-5 es la guía internacional de referencia para clasificar los trastornos mentales, del neurodesarrollo y de la conducta.
"Muchos niños que anteriormente eran considerados tímidos, rígidos o con dificultades sociales hoy son comprendidos dentro del espectro, lo que permite ofrecer apoyos tempranos y favorecer su desarrollo", puntualiza Núñez Montemayor.
"Más que hablar de una epidemia, la evidencia actual sugiere que estamos observando una mejor capacidad para reconocer la diversidad del desarrollo infantil".
MEJORAS EN DETECCIÓN
Aún faltan en México estadísticas locales y precisas sobre el TEA.
En Estados Unidos, 1 de cada 150 niños era diagnosticado con autismo en el 2000, de acuerdo a la Red de Monitoreo de Autismo y Discapacidades del Desarrollo de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de ese país.
La paidopsiquiatra Núñez Montemayor refiere que en 2010 subió a 1 de cada 68, posteriormente a 1 de cada 44, en 2018, luego 1 de cada 36, en 2020, y los datos más actuales indican 1 de cada 31.
Estudios internacionales, añade, han señalado que una proporción significativa del incremento se explica por mejoras en la detección y cambios en la clasificación diagnóstica.
Por ejemplo, dice que en California alrededor del 26 por ciento del incremento se relaciona con sustitución diagnóstica de discapacidad intelectual hacia trastorno del espectro autista.
"También se ha observado que el incremento se concentra especialmente en perfiles sin discapacidad intelectual, en niñas previamente subdiagnosticadas y en casos con síntomas más leves", dice Núñez Montemayor.
A esto se suma una mayor sensibilización social, agrega, mayor acceso a evaluación especializada, implementación de programas de tamizaje temprano y mayor conocimiento del tema en pediatría, psiquiatría infantil y educación.
PARA SABER
El autismo no es una enfermedad, es una condición del neurodesarrollo.
Se caracteriza por dificultades en la comunicación social, la flexibilidad conductual y el procesamiento sensorial.
Cada persona puede mostrar características de una forma diferente.
LOS NIVELES DEL TRASTORNO DEL ESPECTRO AUTISTA:
NIVEL 1.
REQUIERE APOYO
Muestra dificultades iniciando interacciones sociales. Puede parecer que su interés por interactuar socialmente está disminuido. Son atípicos los intentos por hacer amigos y generalmente fracasan.
NIVEL 2.
REQUIERE APOYO SUSTANCIAL
Déficits marcados en habilidades de comunicación social verbal y no verbal. Inician un número limitado de interacciones sociales. Responden de manera atípica o reducida a los intentos de relación de otros.
NIVEL 3.
REQUIERE APOYO MUY SUSTANCIAL
Déficits severos en habilidades de comunicación social verbal y no verbal. Inicia muy pocas interacciones y responde muy poco a intentos de relación de otros.
Gran malestar o dificultad al cambiar el foco de interés o la conducta.
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