El Quinto Elemento

"La esencia crítica de nuestra realidad"

Angélica María Arredondo Arrambide

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Carreteras sin cultura: tragedias anunciadas en cada periodo vacacional

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sábado, 28 de marzo de 2026
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Cada periodo vacacional en México repite la misma historia: carreteras saturadas, familias en tránsito y un incremento inevitable en los accidentes.

No es casualidad ni mala suerte. Es el reflejo de una realidad más profunda y preocupante: la ausencia de cultura vial entre quienes conducen, ya sean automovilistas o operadores de transporte de carga.

Viajar en carretera debería ser una experiencia segura, pero se ha convertido en un riesgo constante por decisiones que rayan en la irresponsabilidad.

Conductores que no revisan las condiciones mecánicas de sus vehículos antes de salir, que ignoran el uso del cinturón de seguridad o que consideran opcional respetar los señalamientos.

A esto se suma una práctica común: conducir sin técnica, sin conocimiento y, peor aún, sin conciencia.

El problema no es menor. Hay quienes adquieren un vehículo sin haber pasado por un proceso real de formación. No conocen las reglas básicas de tránsito, no dominan maniobras esenciales como el rebase seguro, el uso correcto de carriles o la conducción defensiva.

Manejan con prisa, con exceso de confianza o con una actitud que raya en la soberbia, creyendo que el camino les pertenece.

A esta falta de preparación se agregan factores de alto riesgo que siguen normalizándose: manejar cansado, bajo los efectos del alcohol o sustancias, consumir medicamentos que provocan somnolencia y, cada vez más frecuente, el uso del teléfono celular mientras se conduce.

Hoy, la distracción digital compite directamente con el volante, y en muchos casos, gana.

Por si fuera poco, las carreteras también están dominadas por unidades de carga pesada que, si bien son fundamentales para la economía, representan un riesgo cuando no se operan en condiciones óptimas.

Jornadas extensas, presión por cumplir tiempos de entrega y fatiga acumulada afectan la capacidad de reacción de los operadores. Un tráiler no frena igual que un automóvil, no gira con la misma facilidad y no perdona errores.

Cuando ocurre un accidente, las consecuencias suelen ser devastadoras.

Las autoridades hacen su parte con operativos, vigilancia y campañas de concientización, pero estos esfuerzos se quedan cortos frente a una realidad donde el conductor no asume su responsabilidad.

La seguridad vial no se impone, se construye, y hoy en día esa construcción está fracturada.

El saldo es evidente: más accidentes, más personas lesionadas, pérdidas económicas y, lo más doloroso, vidas que se pierden por causas completamente evitables.

No son tragedias inevitables, son tragedias anunciadas.

Ha llegado el momento de replantear el enfoque. La cultura vial no puede seguir tratándose como un tema secundario ni limitarse a cursos básicos o trámites burocráticos.

Debe convertirse en una formación integral que inicie desde la infancia. Es en las nuevas generaciones donde existe la oportunidad real de cambio.

Educar a niñas y niños en el respeto a las normas, en la importancia de la seguridad y en la responsabilidad que implica conducir puede generar un efecto distinto: que sean ellos quienes cuestionen, corrijan y concienticen a los adultos.

Que desde casa se construya una nueva forma de entender el manejo, no como un acto cotidiano, sino como una responsabilidad que puede salvar o costar vidas.

Retomar la enseñanza de la cultura vial desde edades tempranas no es una opción, es una necesidad urgente. Solo así podremos aspirar a que en el futuro nuestras carreteras dejen de ser sinónimo de riesgo y se conviertan en espacios donde se conduzca con pleno conocimiento de las ventajas, pero también de las consecuencias de cada decisión al volante

 

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