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Majo Valenzuela usa su propio lenguaje en el softbol.
Batea en medio del silencio, pero la única barrera que conoce la jugadora de El Águila de Veracruz es la que separa a la pelota de convertirse o no en un cuadrangular.
Desde que nació, la hermosillense no conoce los sonidos, pero esa discapacidad auditiva no la detuvo para cumplir sus sueños y llegar a la Liga Mexicana de Softbol (LMS) como la primera shortstop sorda.
"Empecé a jugar desde que veía a mi papá (Jesús Valenzuela) jugar (beisbol) cuando era chiquita, después jugué con hombres y a los 11 años comencé a jugar softbol.
"A mí me gusta mucho el deporte. No tengo ninguna duda sobre mí, las personas oyentes y sordas pueden jugar de la misma forma en cualquier deporte", recordó Majo a través de la intérprete Thalía Celedonio.
El campocorto, posición en la que normalmente se desempeña Valenzuela, es la más difícil porque es la conexión entre las bases y los jardines, lo que demanda mucha atención, y Majo lo hace con la vista.
"No percibo nada (de sonido), pero lo más importante es percibir la pelota cuando el otro equipo batea, observarla; debo estar atenta, moverme, ser rápida", explica la jugadora, quien empezó a los 2 años con la lengua de señas y ahora, gracias a su talento, participará en la Women's Professional Baseball League con Boston.



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