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Un trastorno de la conducta alimentaria (TCA) genera pensamientos obsesivos sobre la comida y un miedo paralizante a engordar. Lejos del mito de que son personas con delgadez extrema, la gran mayoría está en un peso normal o alto.
En la actualidad hay unos medicamentos llamados agonistas del receptor GLP-1, comercialmente conocidos como Ozempic, Mounjaro, Wegovy o Saxenda, que se han popularizado para bajar de peso, aunque fueron diseñados para tratar diabetes tipo 2, obesidad y casos específicos de sobrepeso.
En el marco de la Semana de Concientización de Trastornos de la Conducta Alimentaria, celebrada en Estados Unidos y que hoy concluye, expertos en TCA y en salud mental responden la siguiente pregunta: ¿Hay relación entre trastornos de la conducta alimentaria y el uso de fármacos GLP-1? No hay evidencia científica para demostrar que el uso de estos medicamentos cause por sí solo un TCA; sin embargo, en una persona susceptible pueden ser un "acelerador" del trastorno, explica Eva Trujillo, especialista internacional en el tema.
La cofundadora de Comenzar de Nuevo, centro pionero en la atención de TCA en México, dice que han atendido pacientes que previamente usaron fármacos GLP-1.
"Recibimos pacientes a quienes se les indicó con fines estéticos o para bajar pocos kilos, y en perfiles vulnerables eso puede desestabilizar conductas alimentarias", indica Trujillo, ex presidenta de la Academy for Eating Disorders, organización líder a nivel mundial que trabaja en investigaciones y tratamientos para TCA.
Estos fármacos fueron creados inicialmente para tratar la diabetes tipo 2, pero como efecto secundario se observó una pérdida de peso significativa en pacientes, por lo que se volvieron también una herramienta efectiva para la obesidad.
Se les llama agonistas del GLP-1 porque imitan una hormona llamada de esta forma para aumentar la producción de insulina y reducir los niveles de azúcar en la sangre.
Además, ralentizan el vaciado gástrico, lo que aumenta la saciedad y reduce el apetito.
Son excelentes medicamentos metabólicos y es indiscutible el beneficio que desde hace años han generado en personas con diabetes tipo 2 y obesidad, incluso cambiando pronósticos, coinciden especialistas.
La problemática radica en que se han vuelto fármacos de muy fácil acceso para cualquiera que los busque con fines estéticos y pueda pagar el costo económico.
"Lo que hoy está fallando no es el fármaco (GLP-1), sino el uso indiscriminado y estético, fuera de indicación o sin evaluación integral", alerta Trujillo.
"Hoy vemos prescripción, e incluso autoprescripción, para bajar 2 o 3 kilos. Eso no es una indicación médica seria. Es la medicalización de la cultura de la dieta".
El estigma del peso distorsiona la práctica médica, agrega, cuando el objetivo deja de ser la salud y se convierte en la delgadez.
Los TCA son enfermedades multifactoriales y muy complejas, señala Trujillo.
El trastorno por atracón, caracterizado por una ingesta recurrente y descontrolada de grandes cantidades de comida en poco tiempo, es el más frecuente en población general.
La especialista en TCA remarca que no hay evidencia científica sólida para usar los GLP-1 como un tratamiento estándar o de primera línea para ese trastorno.
"Algo que vemos mucho en la práctica clínica: en algunas personas, cuando el medicamento reduce mucho el apetito, no necesariamente se resuelve el problema de fondo", dice.
"A veces lo que ocurre es que el síntoma cambia de forma.
Por ejemplo, alguien que tenía episodios de atracón puede empezar a restringir en exceso o a sentirse "mejor" por casi no comer. El problema no desaparece, solo se transforma".
Agrega que el segundo TCA más común es la anorexia atípica (cuando la persona está en un peso normal) en adolescentes y población clínica especializada.
En estudios poblacionales amplios, señala, en segundo lugar están la bulimia nerviosa y los diagnósticos de OSFED (Otros Trastornos Alimentarios o de la Ingesta Especificados).
¿Quiénes son más susceptibles ante el consumo de los GLP-1? La cofundadora de Comenzar de Nuevo enlista los siguientes perfiles:
Personas con historia actual o previa de un TCA: anorexia, anorexia atípica, bulimia, trastorno por atracón, OSFED, ARFID (Trastorno de Evitación/ Restricción de la Ingesta de Alimentos) con pérdida significativa de peso o evitación severa.
Quienes tienen conductas restrictivas crónicas o dieta perpetua, saltos de comidas, ayunos, miedo a comer.
Personas con insatisfacción corporal intensa o presión por bajar de peso.
Gente con perfeccionismo rígido; personas con ansiedad y/o depresión que usan el control alimentario como estrategia de regulación.
Adolescentes y adultos jóvenes, por mayor vulnerabilidad neuropsicológica y social. Personas expuestas al estigma de peso y a la presión cultural intensa.
¿Por qué puede empeorar o desencadenar síntomas en personas vulnerables el uso de los GLP-1? "Porque suprime el apetito y cambia las señales de hambre y saciedad, y eso puede reforzar la restricción o volver más fácil sostenerla", responde la especialista en TCA.
"La supresión del apetito y la pérdida rápida de peso pueden desencadenar o agravar un TCA y dificultar la recuperación".
La recuperación en este tipo de enfermedades, añade, implica volver a comer con regularidad, reconectar con las señales internas y trabajar la aceptación corporal, y eso puede chocar con el efecto farmacológico en algunos pacientes.
Trujillo considera que el personal médico debe ser científicamente honesto al prescribirlo, porque no cuenta con suficientes datos sobre el riesgo de recaída, los cambios en las conductas compensatorias, entre otros puntos.
"Se prescribe con menos umbral", señala. "Se busca 'optimizar' cuerpos sin indicación clínica. Se normaliza intervenir farmacológicamente ante variaciones corporales mínimas".
El psiquiatra Alfredo Cuéllar, especializado en trastornos del estado de ánimo, indica que una persona debe recibir una evaluación integral antes de la prescripción de un agonista del receptor GLP-1 y además seguir siendo monitoreada para detectar posibles efectos secundarios gastrointestinales, mentales u otros.
Coincide en que muchas personas ya los perciben como una solución para bajar de peso y los consumen sin supervisión.
O hay quienes sí comenzaron a usarlos con una indicación médica, pero dejaron la supervisión profesional y continuaron libremente su uso.
"La educación para los pacientes y a la comunidad es el primer paso para evitar problemas de esta índole, educar en las verdaderas indicaciones de estos medicamentos: diabetes, obesidad y ciertos casos de sobrepeso", dice el psiquiatra Cuéllar.
"Hacer entender a las personas que no pueden utilizarse sin un seguimiento médico cercano y que no sustituyan la base de una salud cardiometabólica, que es el ejercicio, la dieta, la salud psicológica en cuanto a relaciones interpersonales, en cuanto a la relación sana con la comida".
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