Jorge Chávez Mijares
Locuras Cuerdas

Mientras el jovencito alcalde, al pie de las escaleras, saludaba uno a uno a los diputados presentes como si la liturgia republicana necesitara padrino, y el presidente de la mesa pedía tomar asiento antes de declarar recinto oficial al teatro, momento exacto en que, al pronunciar el nombre del alcalde, se desató una lluvia de aplausos de nómina, sí, empleados municipales que parecían tener consigna de aplaudir fuerte y de pie, y daba la impresión de que estaba prohibido mencionar otro nombre con semejante entusiasmo.
El pase de lista reveló un dato político más elocuente que cualquier discurso: de 36 diputados que integran la Legislatura, solo se mencionaron 31, entre los cuales hubo cinco faltas y con 12 mujeres y 14 hombres presentes, cinco ausencias justificadas después, y un énfasis casi doloso en el “Falta” cuando se nombraba a plurinominales del PAN, ausencia panista que puede entenderse porque una sesión itinerante implica ir a territorios dominados por Morena y salir muy mal parados, aunque también faltaron dos de mayoría de Morena y tres plurinominales de otras fuerzas que ni siquiera fueron mencionados, vacío que flotó en el aire como recordatorio de que la disciplina no es homogénea.
Después vinieron los honores, los decretos para declarar oficial el teatro y el hotel como sedes legislativas, y el discurso leído del alcalde, quien convirtió a Ricardo Espinoza Valerio en “Valerius” y abrió un concurso tácito de porras al agradecer a los diputados de Matamoros, sorprendiendo con tono republicano al mencionar al doctor Víctor García pese a diferencias conocidas y llevándose la mano al corazón al nombrar a Elvia Eguía en un gesto cuyo significado quedó en suspenso, para luego agradecer a Humberto Prieto por el “renacimiento de Matamoros”, lo que dejó la duda de si un diputado de Reynosa que jamás ha vivido en Matamoros tiene entre sus prioridades redimirla.
Al bajar del pódium, la andanada de aplausos inducidos se mezcló con el grito de “Presidente, presidente” y con la confesión de un asistente que dijo “solo imité lo que vi”, radiografía perfecta de cómo opera la manipulación cuando se vuelve reflejo; después habló Humberto Prieto, presidente de la Junta de Gobierno, en un discurso laudatorio donde aseguró que en Matamoros “se respiran mejores aires”, “se percibe ánimo renovado” y “se siente que hay rumbo”.
Utopismo retórico o para que mejor se entienda, demagogia legislativa, provocando en la más sincera de mis dudas la pregunta insistente de “¿En serio?” repetida como eco en las butacas, mientras se prometía transformación y coordinación, y yo me preguntaba de qué municipio hablaba este diputado.
La sesión avanzó hacia el corazón legislativo y ahí la aritmética es clara: se recibieron 4 iniciativas por correspondencia y se presentaron 6 en tribuna, todas por hombres salvo la de Elvia Eguía, además de desahogarse 6 dictámenes en el orden del día, es decir, una docena de propuestas formales en una jornada de casi tres horas; Eliphalet Gómez planteó limitar a cuatro iniciativas por oficialía de partes y obligar la quinta a tribuna, además de sancionar inasistencias con reducción de dieta y eventual llamado al suplente, propuesta que desató aplausos cuya espontaneidad siempre es discutible cuando la audiencia no domina el detalle técnico.
Esto abrió un debate intra-morenista con Marco Gallegos, quien defendió el derecho irrestricto a presentar iniciativas y pidió receso para analizar el texto, episodio en el que incluso se escuchó la preocupación de que “si el receso es largo se va la gente”, y en el que quedó la imagen de la curul vacía de Isidro Vargas al momento de una votación clave; al final, la reforma fue aprobada en lo general con mayoría amplia, tras ajustes en lo particular, y la escena dejó ver algo saludable: chispas de deliberación real dentro del mismo bloque.
Elvia Eguía, ya en tribuna, propuso revisar entradas y salidas de personal en Salud y Educación para detectar posibles ausencias y pagos indebidos, iniciativa técnica alineada con informes de la ASF y con los ODS, que recibió adhesión en bloque de Morena.
Juan Carlos Zertuche, de Movimiento Ciudadano, habló de despidos masivos en Matamoros y Reynosa y exhortó a intervención temprana del gobierno estatal, recibiendo apoyo incluso del diputado José Abdo Schekaiban, llamado coloquialmente “Pepe” en un desliz de protocolo.
Víctor García impulsó la armonización de la ley de salud con el modelo MAS-Bienestar y la creación de una comisión interinstitucional sobre espectro autista, discurso que mezcló técnica legislativa con apelación emotiva a la salud mental.
Isidro Vargas fue el único que habló sin leer, señal inequívoca de dominio del tema, y presentó dos ejes: derogar la ley estatal de mejora regulatoria en consonancia con la digitalización federal y crear una nueva ley de entrega-recepción con tecnologías de información para garantizar transparencia anticipada en el relevo administrativo, propuestas coherentes en términos de simplificación y control, pero, y aquí hay un “pero” muy sustancial, acompañadas de menciones partidistas a López Obrador, y un “Viva Morena” que quizá habría sido más preciso invocar la 4T que al partido, mientras cuestionaba con insistencia la ausencia opositora.
Humberto Prieto cerró el bloque de iniciativas con la solicitud de un fideicomiso estatal para proyectos estratégicos en Reynosa, describiendo rezagos de infraestructura, inundaciones y abandono, crítica que transpiró la distancia conocida entre los diputados locales y el alcalde de esa ciudad, y que no consideró el artículo 115 constitucional sobre autonomía municipal ni mencionó al actual alcalde reynosense, omisión técnica relevante cuando se pide intervención ejecutiva directa; el punto fue aprobado por unanimidad tras adhesiones incluso de Movimiento Ciudadano.
Y así se entró al desahogo de los 6 dictámenes: reforma a la ley de coordinación fiscal para fortalecer consejos hacendarios; depuración de cartera vencida en organismos de agua; actualización de la ley de autismo; creación del organismo descentralizado para el centro histórico de Tampico, curiosamente defendido por el diputado de Valle Hermoso y no por el de Tampico, donación en Altamira para un CECI del IMSS; y otros ajustes técnicos, todos aprobados por unanimidad, unanimidades que hablan tanto de eficiencia como de hegemonía.
En asuntos generales, Lucero Martínez celebró a niñas y mujeres en la ciencia con elogios al alcalde que sonaron a demagogia si se recuerda que el aludido jamás pasó por aulas universitarias, y Víctor García cerró con tono agradecido, reiterando lealtad al gobernador y a la presidenta.
Así, entre aplausos inducidos, recesos estratégicos, asesores legislativos susurrando ortodoxias reglamentarias, ausencias panistas que pueden entenderse como prudencia territorial y un bloque mayoritario que vota en disciplina, la sesión concluyó a las 14:17 con fotografía oficial incluida, dejando la sensación de una maquinaria legislativa aceitada, productiva en números, me pareció que fueron 12 propuestas centrales desahogadas.
Querido y dilecto lector, fueron 14 legisladore hombres y 12 legisladoras mujeres presentes, dos mujeres en tribuna, Elvia Eguia, de Mayoría Relativa y Lucero Martínez, plurinominal, entre seis oradores principales, donde hubo técnica, hubo debate interno, hubo iniciativas pertinentes, pero también hubo chispas de demagogia y un realismo mágico en el que algunos discursos describían una ciudad de aires renovados que no todos los asistentes parecían reconocer, y donde la itinerancia, noble en su espíritu de acercar el Congreso al territorio, terminó siendo al mismo tiempo ceremonia republicana y reafirmación de hegemonía política en casa propia.
El tiempo hablará.



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