El Quinto Elemento

"La esencia crítica de nuestra realidad"

Angélica María Arredondo Arrambide

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El Derecho mexicano frente al espejo digital

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martes, 17 de febrero de 2026
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En la actualidad la inteligencia artificial ha llegado a todos los estrados sin dejar atrás el mundo jurídico en donde de pronto, abogados, jueces y estudiantes cuentan ya con las herramientas necesarias que les brinda la capacidad de redactar, analizar y proyectar demandas, jurisprudencias en diversos escenarios procesales en cuestión de segundos utilizando la inmediatez digital que no era posible imaginar en años anteriores, pero detrás de esta efervescencia tecnológica, la realidad es que discutir a fondo sobre el tema es apenas el inicio de su uso.

La maestra y abogada Daniela Sánchez Bernal nacida en Guadalajara, ha insistido en algo esencial: “La inteligencia artificial no es solo una herramienta técnica, es un fenómeno que reconfigura la práctica legal desde sus cimientos prácticos, éticos y regulatorios.

Y ese reacomodo exige algo más que curiosidad digital; demanda responsabilidad”.

En discusión sobre el terreno práctico, la transformación digital representa una ventaja competitiva indiscutible y es un hecho que los despachos que integran tecnología optimizan tiempos, reducen costos y ofrecen respuestas más rápidas a sus clientes.

En el sector público, la digitalización puede traducirse en mayor eficiencia y eficacia administrativa, así como mejor acceso a la justicia y transparencia.

Pero también hay una realidad incómoda: no todos tienen las mismas condiciones para subirse a este tren tecnológico, pues la brecha digital puede ampliar el fenómeno de la desigualdades, en el caso de que no se construya una estrategia de capacitación y acceso equitativo.

El dilema ético es todavía más delicado y el Derecho no es una fábrica de respuestas automáticas; ya que es una disciplina profundamente humana en donde cada expediente representa una historia, un conflicto y derechos humanos en juego.

Por lo que delegar parte del análisis a un algoritmo obliga a cuestionar la transparencia de los sistemas, los posibles sesgos y la responsabilidad ante errores.

Por lo anterior, lo cuestionable sería: ¿Quién responde cuando una recomendación automatizada afecta una decisión trascendental? , es la confianza en la justicia que no puede quedar supeditada a cajas negras tecnológicas.

Hablando del ámbito regulatorio, México enfrenta el desafío de no quedarse atrás, ya que mientras otras regiones avanzan en marcos normativos específicos para la inteligencia artificial, nuestro país necesita construir reglas claras que protejan derechos fundamentales sin frenar la innovación.

Es ahí donde coincido con la opinión de la maestra que tiene basta experiencia en la investigación sobre el tema y es importante reconocer que la ausencia de regulación puede generar incertidumbre, pero la sobrerregulación puede inhibir el desarrollo y el equilibrio será determinante.

La transformación digital también abre la puerta a una justicia más cercana y accesible, ya que podemos encontrar plataformas digitales, expedientes electrónicos y herramientas de análisis masivo, que en definitiva pueden ayudar a combatir rezagos históricos en los tribunales.

La tecnología, bien utilizada, puede convertirse en un puente y no en una barrera, abatiendo el miedo que puedan generar los errores por lo que es necesario abrir debate al respecto.

La verdadera discusión no es si la inteligencia artificial sustituirá al abogado, ya que no sería lo conducente, lo que sí transformará es el perfil del profesional del Derecho, pues el nuevo abogado no solo deberá conocer códigos y jurisprudencia, sino también comprender cómo funcionan las herramientas tecnológicas que utiliza, identificar sus límites y actuar con criterio propio.

Analizando lo anterior, el Derecho mexicano se encuentra frente a un espejo digital. Puede resistirse al cambio o asumirlo con madurez institucional en donde la toga no desaparecerá, pero deberá convivir con algoritmos.

Y en esa convivencia, la ética, la formación continua y la regulación inteligente, serán las piezas clave para que la tecnología fortalezca y no debilite el Estado de Derecho, siempre y cuando sea utilizada con ética y responsabilidad.

 

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