El Quinto Elemento
"La esencia crítica de nuestra realidad"
Angélica María Arredondo Arrambide
La historia demuestra que cuando las nuevas generaciones encuentran espacios reales de diálogo y foros democráticos donde su voz es escuchada, su involucramiento en la construcción de políticas públicas se fortalece.
Datos del INEGI permiten trazar una radiografía clara de los patrones actuales de información y participación. La población adulta se informa sobre temas políticos principalmente a través de redes y plataformas digitales como X, Facebook, YouTube y WhatsApp (73.6%), mientras que la televisión mantiene una presencia relevante con 63.9%.
Otras fuentes, como la familia, amistades y espacios laborales, continúan formando parte del ecosistema informativo, aunque con menor peso frente al entorno digital.
Este cambio de paradigma se aceleró a partir de 2020, con la llamada “nueva normalidad”. El trabajo a distancia, la educación en línea y el incremento del consumo digital transformaron la manera en que las personas —especialmente las juventudes— se informan e interactúan con los asuntos públicos.
Lejos de la apatía que a veces se les atribuye, los jóvenes han demostrado interés en temas como derechos civiles, igualdad de género, diversidad sexual y justicia social.
Diversos estudios sociopolíticos coinciden en que el problema no es la falta de interés, sino la falta de identificación. Muchos jóvenes no se sienten representados por los partidos tradicionales ni por las estructuras políticas vigentes.
Perciben una desconexión entre sus aspiraciones y las agendas institucionales. Por ello, su participación suele canalizarse hacia causas sociales concretas, movilizaciones digitales y protestas ciudadanas que configuran nuevas formas de activismo político.
Un ejemplo reciente fue el movimiento denominado “Generación Z México”, impulsado desde plataformas digitales hacia el espacio público.
Este tipo de expresiones evidencian tanto la capacidad de organización juvenil como los riesgos de polarización y posibles intentos de manipulación externa que pueden desvirtuar causas legítimas y convertirlas en herramientas de confrontación política.
Ante este panorama, el reto no es convencer a los jóvenes de participar, sino generar confianza y representación auténtica. Las estrategias deben ir más allá de utilizarlos como apoyo logístico en campañas.
Es indispensable abrirles espacios reales de decisión, escuchar sus propuestas y permitir que contribuyan activamente en la construcción de políticas públicas.











Opina sobre este artículo