El Quinto Elemento
"La esencia crítica de nuestra realidad"
Angélica María Arredondo Arrambide
Aunque la memoria social puede ser de corto plazo, el internet, las voces ciudadanas y las huellas que deja un trabajo eficiente y con resultados permanecen.
La imagen pública, los recorridos en territorio, el capital político acumulado, el diálogo ciudadano y, principalmente, la forma en que fueron elegidos o elegidas con anterioridad, así como sus trayectorias, serán factores determinantes para definir quiénes quieren, quiénes pueden, quiénes merecen y quiénes serán postulados.
Todo ello, bajo las reglas de paridad y equidad de género establecidas por el INE, a través de los consejos electorales y los Organismos Públicos Locales Electorales (OPLE), así como del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, que participará activamente en la definición de lineamientos específicos de paridad e inclusión para los cargos locales.
Para 2027, deberá garantizarse la paridad sustantiva en más de cinco mil puestos de elección popular, asegurando que el 50 por ciento de las candidaturas correspondan a mujeres y promoviendo, además, la inclusión de grupos históricamente discriminados.
Partidos en movimiento y ciudadanía en redefinición conforman el nuevo mapa político de México, y Tamaulipas no es la excepción.
Aunque existe un intento de la derecha y de otros partidos por renovarse antes que desaparecer, el mayor peso político lo mantiene el partido que ha gobernado en los últimos años junto con sus aliados, quienes han defendido y constitucionalizado los programas sociales.
Estos programas son hoy el motor de conciencia política entre adultos mayores, personas con discapacidad, madres y padres solteros, así como estudiantes, a quienes se les ha brindado una nueva oportunidad para mejorar su calidad de vida.
Sin embargo, las reglas del juego son cambiantes. Las dinámicas entre partidos, alianzas y los perfiles que exige la ciudadanía han obligado a los actores políticos a renovarse y a demostrar trabajo constante, con resultados tangibles y efectivos, que retribuyan lo que por justicia corresponde a la población.
En cada diez familias, más de la mitad recibe beneficios de programas sociales, y siendo realistas, no permitirán que nadie —ni por encima de la ley— intente modificar esa protección constitucional bajo ningún argumento que invalide años de lucha social.
La realidad es que hoy existe una mayor participación social en la construcción política del país. Hay mayor apertura a nuevas organizaciones, se reconoce el derecho a disentir con respeto y congruencia, se revaloriza a la familia y se fortalece el papel de las comunidades.
El desempeño de quienes hacen política se evalúa con mayor rigor: su experiencia, cercanía con la ciudadanía y el trabajo que realizan en nombre de sus representados cuentan más que nunca.
Por ello, ya no se permiten desaciertos ni simulaciones de renovación con los mismos perfiles de siempre. Lo que se necesita es un bálsamo de frescura: nuevas ideas, acciones congruentes y pensamiento crítico.
Quien no entienda que el poder se construye desde lo social, lo comunitario, el territorio y la ética quedará rezagado. La congruencia entre lo que se dice y lo que se hace genera costos o beneficios políticos.
La pregunta ya no es quién ganará la elección, sino quién será capaz de representar auténticamente a una sociedad que ha transformado su manera de ver la realidad.
No quien construya una percepción artificial, sino quien cumpla con las expectativas de una ciudadanía que exige liderazgo social real, cercano y coherente.











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