La comunidad católica se congregó con profunda devoción en la Concatedral de Nuestra Señora de Guadalupe para celebrar a la Virgen del Tepeyac, en una jornada marcada por la fe, las peticiones y los agradecimientos.
Desde tempranas horas, los fieles acudieron al recinto sagrado, algunos en sillas de ruedas, acompañados por familiares, otros con apoyo médico o cumpliendo mandas personales; la esperanza de recibir salud y la gratitud por favores concedidos fueron el motor que los llevó a participar en la tradicional festividad guadalupana.
A las afueras de la Concatedral, la multitud se apretujó en la entrada principal para escuchar la misa de mediodía, presidida por el Obispo de la Diócesis de Matamoros-Reynosa, Monseñor Eugenio Lira Rugarcia; su homilía resaltó la importancia de la Virgen Morena como símbolo de unidad y consuelo para los creyentes.
En el patio, frente a la imagen de la Guadalupana, se encendieron veladoras y se elevaron oraciones en un ambiente de recogimiento, la escena reflejó la fuerza de la tradición que, año con año, convoca a miles de personas a rendir homenaje a la patrona de México.













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