El Quinto Elemento

"La esencia crítica de nuestra realidad"

Angélica María Arredondo Arrambide

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Tamaulipas al volante: la negligencia que cuesta vidas

miércoles, 10 de diciembre de 2025
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En Tamaulipas la prisa, imprudencia, manejar y ver el celular, así como la falta de cultura vial, es el común denominador de los accidentes, volcaduras, lesionados y muertes que se han incrementado en carreteras y ciudades donde ahora se vive una dinámica acelerada por el crecimiento poblacional, comercial industrial y de servicios entre otros.

Los vehículos pesados son un peligro constante en las carreteras, donde antes eran manejados por dos choferes que hacían grandes recorridos para entregar mercancías, ahora solo va uno solo a la misma distancia, muchas veces dobleteando turnos, lo que se han convertido en un fuerte detonante que deriva en accidentes con pérdidas de mercancía millonarias muchas veces por rapiña, colisiones por alcance, al rebasar y hasta volcarse, con accidentados, prensados y hasta muertos.

En los últimos meses es común leer, ver o saber de accidentes en carreteras por estos vehículos pesados quienes además en la cabina cerca de la puerta del conductor, cuentan con una luz blanca cegadora hacia los conductores que manejan atrás y cuando quieren rebasar, por la noche son encendidas, para evitar accidentes, pero a la vez, provoca una luz cegadora que estaría bien saber si es legal su utilización.

Además ante estos tiempos donde se requiere economizar, se ha incrementado en el centro del estado sobre todo, la utilización de motos como medio de transporte, en el cientos de estos vehículos que facilitan, traslados de familias completas hacia su trabajo, estudio, compras, así como la entrega de paquetería, servicios de alimentos o artículos comerciales, sin embargo, son otro factor de riesgo potencial por la falta de cultura vial, al no respetar los carriles, la velocidad, meterse entre los carros, circular por todas las vías y o no usar la protección debida para circular por las calles

En Tamaulipas no se muere por accidente: se muere por negligencia. Así de claro. Cada choque, cada atropellamiento y cada volcadura que ocurre en las calles y en las carreteras del estado responde a una cadena de irresponsabilidades que se ha vuelto costumbre.

La prisa, la imprudencia y la indiferencia están matando, y lo hacen todos los días.

Reynosa exhibe el problema con crudeza. Más de tres mil accidentes vehiculares al año, un promedio diario de entre 10 y 15 percances y meses que superan los 400 choques no pueden explicarse como hechos fortuitos.

Son el reflejo de una ciudad saturada, mal conducida y peor disciplinada. En 2023, solo en los primeros ocho meses, se registraron miles de incidentes con decenas de lesionados y fallecidos.

La tendencia no baja; se normaliza.

Pero el riesgo no termina en la mancha urbana, las carreteras especialmente las que conectan la frontera con el centro del estado y con Estados Unidos, son escenarios donde los errores se pagan con mayor severidad, pues de acuerdo a datos estadísticos circulan miles de vehículos cuyas altas velocidades por parte del transporte pesado, cansancio y una peligrosa tolerancia a la imprudencia, un segundo de distracción basta para provocar una tragedia irreversible.

Las causas están plenamente identificadas y son una constante manía en el diario vivir de los conductores; el uso del teléfono celular al volante, el exceso de velocidad, el desprecio por los señalamientos, los rebases indebidos y la conducción bajo los efectos del alcohol no son fallas del sistema: son decisiones conscientes.

La mayoría de los accidentes no ocurre por mala suerte, sino por la creencia distorsionada y fuera de la realidad de que nada va a pasar.

La frontera vive bajo presión permanente, donde las jornadas laborales son extensas con traslados pico interminables, tráfico denso y estrés cotidiano que han generado una cultura vial basada en la urgencia.

Se conduce para ganar tiempo, no para llegar bien. Se acelera, se invade, se ignora la norma y cuando ocurre el accidente, se busca al culpable en el destino, nunca en el espejo.

El costo social es enorme y pocas veces dimensionado. Cada choque implica servicios de emergencia, hospitales, pérdidas económicas y familias que cargan con secuelas físicas y emocionales durante años.

Las cifras oficiales no registran el trauma, ni el duelo silencioso, ni la vida que ya no vuelve a ser la misma después de un siniestro vial.

La responsabilidad también alcanza a la autoridad: ningún operativo funciona si la ciudadanía insiste en violar las reglas con total impunidad moral., por lo que es necesario cambiar el chip y asumir que manejar es un acto de corresponsabilidad social, pues el llegar cinco minutos tarde, nunca será peor que no regresar a casa.

En una tierra de paso, comercio y frontera, el verdadero atraso no está en avanzar lento, sino en seguir perdiendo vidas por no saber detenernos.

Por favor, recuerde en estas fechas tomar su tiempo si va a salir en estas fiestas dentro y fuera de las ciudades, planee sus traslados, revise su vehículo, planee hacerlo de día, respete los señalamientos, no maneje cansado, use al conductor designado si bebe y recuerde no sea estadística mortal de la imprudencia e irresponsabilidad, sea consciente.

 

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