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Encantadora rebeldía

Nueva Ola Francesa (Nouvelle Vague), que llega este jueves a cines.
Detrás de ese joven prepotente con lentes oscuros y que fumaba como loco, se escondía un genio del cine. Y detrás de esa película, Sin Aliento (Á Bout de Souffle), caótica, que parecía no tener ni pies ni cabeza, una obra maestra.
domingo, 7 de diciembre de 2025
Por: Agencia Reforma
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Mario Abner Colina

Agencia Reforma

CIUDAD DE MÉXICO

Detrás de ese joven prepotente con lentes oscuros y que fumaba como loco, se escondía un genio del cine. Y detrás de esa película, Sin Aliento (Á Bout de Souffle), caótica, que parecía no tener ni pies ni cabeza, una obra maestra.

Era París, 1959. Muchos involucrados en la producción del mítico filme creían que se enfilaban al desastre. Tenía sentido: el anárquico comportamiento de Jean-Luc Godard en su ópera prima inquietaba a todos.

Crítico destacado en la revista Cahiers du Cinema, era una moneda lanzada al aire por su productor. Escribía diálogos cada día, sólo rodaba cuando se sentía inspirado (colapsando así el presupuesto), trastocaba la fotografía, la iluminación...

De aquel singular momento da cuenta Nueva Ola Francesa (Nouvelle Vague), que llega este jueves a cines. Con ella, el estadounidense Richard Linklater homenajea (en blanco y negro, y en francés) el legado de Godard (1930-2022), quien predicó que el cine es arte, no negocio.

"Antes de que Sin Aliento se estrenara en festivales, nadie pensaba que cambiaría la historia del cine. Sí, la película era algo diferente, pero esas cosas (el éxito y la trascendencia) no se fuerzan: ocurren si tienen que ocurrir", dice en entrevista Guillaume Marbeck, quien encarna a Godard.

"Ésta fue mi primera película como actor. Yo comparto ese momento con Godard: el del debut. Entiendo cómo es trabajar por años por algo y defender artísticamente tus ideas".

El término "Nouvelle Vague" se refiere al popular movimiento fílmico en Francia que, en los 50, decidió encarar las películas con aires experimentales y realistas.

Godard era el más radical de sus exponentes.

Con una idea original de Francois Truffaut, amigo de Godard, Sin Aliento narró una historia sencilla. Michel Poiccard (el joven Jean-Paul Belmondo), un delincuente que huye de la policía, y sus encuentros con Patricia (la estrella estadounidense Jean Seberg), su amiga y amor.

Exudaba vida y espontaneidad

Nueva Ola Francesa, con Aubry Dullin como Belmondo y Zoey Deutch como Seberg, es una suerte de detrás de cámaras de aquella película.

Linklater siempre fue un apasionado de Godard, su espíritu punk y de búsqueda constante.

"Richard, como Godard, intenta capturar la realidad, pero a su manera: él prefiere ensayar tanto que lo sabes todo y puedes ser libre, improvisar gestos, movimientos, interacciones", explica Marbeck sobre ambos.

La cinta, un festín a la cinefilia, revive una esplendorosa época intelectual. Aparecen ahí "cameos" de Truffaut, Éric Rohmer, Agnes Varda, Jean Cocteau, Jean-Pierre Melville, Robert Bresson, Jacques Rivette, Roberto Rossellini...

A Deutch y Dullin la cámara los ama tal y como a los histriones de Sin Aliento. Marbeck refiere que lo maravillaron. Evoca que siempre acudía emocionado al rodaje para observar sus escenas de charlas en la cama o caminatas por Campos Elíseos.

"Zoey no habla francés, así que se aprendió cada diálogo por el sonido. No te das cuenta. Habla francés con acento estadounidense, como hacía Jean Seberg.

¡Hizo tres personajes: a Jean, a Jean interpretando a Patricia y a Patricia!

"Aubry... él tiene este rostro brillante, luminoso, que te hace querer sonreír, divertirte. Su Belmondo era el puente entre Seberg (molesta con las excentricidades del director) y Godard.

Hacía todo más relajado. Así era Belmondo, siempre cool".

Godard supuso un enorme desafío para el novel Marbeck. Tenía que encarnar con credibilidad a una leyenda, a un vanguardista del cine, inconfundible por sus gafas oscuras y sus cigarros.

"Lo de los lentes... mucho de la actuación recae en los ojos. Si a un actor le 'quitas' los ojos se queda con menos herramientas para transmitir emociones.

Tuve que trabajar con estas limitaciones, con mis cejas, mi sonrisa, mis gesticulaciones.

"Tuve también que fumar como 900 cigarros durante el rodaje, aprender cómo caminar con los brazos (truco del que Godard gustaba presumir), cómo hablaba...", recuerda.

Sin Aliento fue una revolución. Con ella, el primerizo Godard ganó el Oso de Plata en Berlín a Mejor Director. En su carrera, hizo más de 130 películas y cortometrajes.

Autor de frases inmortales, amado y odiado, nunca dejó de ser un misterio, un genio indescifrable.

"Si pudiera, le preguntaría por qué nunca tuvo hijos", dice Marbeck. "Me intriga: tuvo muchas mujeres, pero jamás hijos".

 

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