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Angélica María Arredondo Arrambide

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Diciembre: el mes del aguinaldo… que aún se regatea en México

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lunes, 1 de diciembre de 2025
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Diciembre debería ser un mes de certeza y alivio para millones de trabajadores. Un periodo en el que, después de un año o varios meses de esfuerzo, reciben lo que la Ley Federal del Trabajo establece sin ambigüedades: un derecho irrenunciable, el aguinaldo, que debe entregarse antes del 20 de diciembre.

Pero en la práctica, para una parte importante de la fuerza laboral, la entrega del aguinaldo sigue siendo un acto discrecional… casi una “concesión” del patrón.

En México existen empresas socialmente responsables que cumplen en tiempo y forma, reconociendo que este ingreso es vital para enfrentar los gastos familiares de fin de año.

Sin embargo, también persisten prácticas que vulneran la ley: contratos temporales renovados una y otra vez, pagos parciales en efectivo, esquemas de honorarios disfrazados, o empleados no registrados ante la autoridad laboral.

Todo ello crea un terreno fértil para que el trabajador no pueda exigir lo que le corresponde, aun cuando la ley lo respalde.

Cada diciembre se repiten las mismas frases que intentan justificar lo injustificable: “No hubo ganancias.” “Solo te daré una parte.” “Estás por honorarios, no te corresponde.” “Renunciaste, así que ya no tienes derecho.”Pero ninguna de estas razones tiene sustento legal.

El aguinaldo no depende de utilidades, no es un premio ni un “detalle” navideño. Es un derecho mínimo, básico, como lo son el salario, la seguridad social y las prestaciones inscritas en la ley.

Cuando el aguinaldo se respeta, el trabajador no solo cumple con sus compromisos económicos: también se fortalece la economía local, aumenta la capacidad de consumo y se genera un cierre de año más estable para miles de familias.

Por el contrario, cuando se regatea o se niega, las consecuencias se sienten de inmediato: estrés financiero, ansiedad, desajustes familiares, deterioro emocional y una sensación profunda de vulnerabilidad.

El incumplimiento de este derecho tiene efectos que trascienden lo económico. Es humano y social.

Por ello, vale recordar que el bienestar de una economía comienza por el respeto a la dignidad de quienes la sostienen. Una empresa que paga puntualmente el aguinaldo no solo evita sanciones o multas sujetas a UMAS: también construye entornos laborales más estables, reduce riesgos legales y fortalece su reputación como empleador.

Las organizaciones que cumplen generan lealtad, compromiso y productividad; quienes lo regatean, producen desconfianza y desgaste.

El aguinaldo tiene un profundo sentido humano, no es un favor, no es una cortesía.

Es justicia laboral.

En un país que aspira a un desarrollo más incluyente y equitativo, respetar lo indispensable debería ser apenas el punto de partida.

Y diciembre, más que un recordatorio de obligaciones, debería ser un momento para dignificar el trabajo y honrar el esfuerzo que sostiene a México durante todo el año.

 

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