El Quinto Elemento
"La esencia crítica de nuestra realidad"
Angélica María Arredondo Arrambide
Lo anterior se debe a que se han desvirtuado los verdaderos propósitos por los que las organizaciones se regían alguna vez, con principios y estatutos que les otorgaban sentido de pertenencia y razones de lucha social.
Lo que alguna vez inició con el surgimiento de agrupaciones que defendieran intereses y causas sociales, hoy en día son colectivos de individuos mecanizados en la búsqueda de visibilidad, posicionamiento y —en algunos casos— poder económico.
Sin instrumentos que respalden el cumplimiento de los estatutos que deben trazar el rumbo con disciplina y código ético, estos se han reducido a simples formalidades.
La carencia de identidad y compromiso con visión nacional hace tambalear la frágil línea del ideario que representan. Cuando los políticos transitan de un partido a otro, no es por discrepar en cuestiones ideológicas, sino por sus propios beneficios: cargos negociados, pactos de grupo internos e incluso externos.
El fenómeno se generaliza en los círculos políticos cuando se valora más las "manos improvisadas" de personajes impulsados por afinidad personal o vínculos, no por mérito.
Esto ha transformado a funcionarios partidistas que gestionan el servicio público como empresas privadas de lucro, más que como entidades al servicio de la ciudadanía.
El efecto es profundo y palpable: ya no se conforman liderazgos sólidos y reflexivos que brinden solución inmediata a las necesidades de la población.
Las figuras públicas se utilizan como mercancías, cada partido como marca y cada proceso interno como estrategia de posicionamiento.
México requiere más liderazgos auténticos y profesionales, con conocimientos de las instituciones que encabezan, que ofrezcan iniciativas de peso para los problemas de cada entidad y del país.
Las soluciones improvisadas tienen costos políticos muy elevados: la población vigila con más rigor a quienes toman decisiones, y si antes era espectadora, ahora interactúa en redes expresando su postura.
Sin embargo, algunos usan estas plataformas para alterar la perspectiva social con noticias falsas, creadas para generar malestar colectivo y polarizar los periodos electorales.
No se trata de "a donde fueres, haz lo que vieres", porque eso conduce al desprestigio, el conformismo y ser un "chambista" por elección, no un servidor de verdad en cada cargo.
Es indispensable tener conciencia de la responsabilidad, trabajar con dedicación, palabra y lealtad a la confianza depositada.
La política debe ser consciente y regresar a su esencia: los partidos deben recomponerse desde sus bases, saber escuchar, formar, elegir y apreciar a cada miembro por sus cualidades, capacidad, formación, aportes y conocimiento del servicio público —que exige compromiso y responsabilidad moral.
Es positivo renovarse y modificar acciones, actitudes y decisiones con fundamentos reales.
Para ello, es prioritario depurar desde la raíz las prácticas que no han dado resultado y restablecer la dignidad a la representación pública.
Así se evita que en cada elección crezca el abstencionismo, consecuencia de la falta de propuestas reales de solución sistemática y de las calumnias que desgastan el debate, generando una crisis por ausencia de confianza en la que los partidos pierden espacio y, sobre todo, credibilidad ante los ciudadanos.











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