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Por: Benito Jiménez
Cd. de México (16 noviembre 2025)
El acoso y el hostigamiento sexual se han disparado 119 por ciento en el País desde 2018 y muestran un repunte constante que especialistas atribuyen a la impunidad, la normalización de la violencia y la expansión de agresiones digitales.
Casi la mitad de las 9 mil 930 llamadas de emergencia relacionados con incidentes de acoso u hostigamiento sexual se registran en la Ciudad de México, Chihuahua, Estado de México, Baja California y Guanajuato, alerta el Informe de Violencia contra las Mujeres, con corte a septiembre.
Esas cinco entidades reportan un acumulado de 4 mil 596 llamadas de emergencia por esas conductas el 46.3 por ciento del total, mil 107 en la Capital del País, 933 en Chihuahua, 891 en la entidad mexiquense, 870 en Baja California y 795 en Guanajuato.
En cuanto a tasas por cada 100 mil habitantes, el fenómeno lo encabeza Colima, seguido de Chihuahua, Baja California, Sonora, Baja California Sur, Quintana Roo, Guanajuato y la Ciudad de México, se advierte en el reporte realizado por el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SNSP).
El acoso y hostigamiento sexual repuntó en 2025 en un 2.5 por ciento al pasar de mil 76 casos en promedio mensual en 2024 a mil 103 llamadas de emergencia entre enero y septiembre.
No obstante, desde 2018, estos delitos han aumentado de manera alarmante.
En ese año se registraron 504 casos en promedio mensual, es decir, a 2025 el acoso aumentó en un 119 por ciento.
Para Inmujeres, el hostigamiento sexual es "el ejercicio del poder, en una relación de subordinación real de la víctima frente al agresor en los ámbitos laboral y/o escolar.
Se expresa en conductas verbales, físicas o ambas, relacionadas con la sexualidad de connotación lasciva".
En tanto, el acoso sexual es "una forma de violencia en la que, si bien no existe la subordinación, hay un ejercicio abusivo de poder que conlleva a un estado indefenso y de riesgo para la víctima, independientemente de que se realice en uno o varios eventos".
La institución federal identifica al menos cuatro raíces del problema: machismo, estereotipos sobre la sexualidad, el abuso de poder y una débil cultura de la denuncia.
"Cuando predominan ideas, creencias, refranes, canciones, mensajes y comportamientos que reafirman un rol dominante de los hombres hacia los cuerpos, la sexualidad y la vida de las mujeres: hablamos de 'machismo'.
Los piropos, actos de asedio sexual, chistes, burlas o insinuaciones sin consentimiento o reciprocidad, son conductas de hostigamiento o acoso sexual, que debido al machismo son permitidas y alentadas como parte del ser hombre y, por tanto, son comportamientos considerados como 'naturales, normales e inevitables' en sus relaciones con las mujeres", refiere el organismo.
"En nuestra sociedad prevalecen creencias y actitudes inspiradas en ideas sobre el ser mujer y ser hombre que propician el hostigamiento sexual (hs) y el acoso sexual (as).
Las más comunes dictan que el deseo sexual de los hombres es como un volcán incontenible y que las mujeres están al servicio de su placer; que el rol de ellos es demostrar su virilidad y conquistarlas y el de ellas seducirlos o conquistarlos.
El hs y el as se justifican porque se les interpreta como conductas inofensivas y propias de la 'naturaleza' de la forma en que los hombres se relacionan con las mujeres", añade.
Indica que en nuestra sociedad los hombres ostentan mayor poder que las mujeres, lo que las coloca en posiciones de desigualdad y mayor vulnerabilidad.
"Por ejemplo, en algunos espacios laborales se tiende a imponer horarios de trabajo y de salida muy prolongados; exigencia de presencia en lugares fuera de las oficinas o instalaciones de trabajo; decisiones o reglas arbitrarias, generando climas propicios a la afectación de derechos, al silencio, la omisión o incluso la complicidad con las o los jefes ante conductas hostiles o violentas que incluso pueden constituir hs o as", expone.
Señala que la falta de confianza en las autoridades, la vulnerabilidad mientras se realizan los procesos de justicia, la falta de respuestas adecuadas ante las quejas, el excesivo tiempo que toma la justicia, el miedo a los despidos, la expulsión de los entornos escolares, el señalamiento público como personas conflictivas, así como los procedimientos engorrosos y largos justifican la débil cultura de la denuncia, lo cual favorece la impunidad y la tolerancia al hostigamiento y acoso sexual.
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