Jorge Chávez Mijares

Locuras Cuerdas

 

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El rumor del Nobel de literatura para Cristina Rivera Garza.

jueves, 16 de octubre de 2025
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Querido lector, cada octubre el mundo literario tiembla. No por un sismo real, sino por esa sacudida invisible que antecede al anuncio del Premio Nobel de Literatura.

En cafés, redacciones y redes sociales, los nombres brotan como luciérnagas en la oscuridad: unos por deseo, otros por esperanza, y muchos por simple rumor.

Este año, el eco llegó hasta Matamoros: “Cristina Rivera Garza podría ser nominada al Nobel de Literatura.”

Hermoso sería que así fuera. Pero no, no existe lista oficial alguna de nominados al Nobel y ayer tuve una charla en un chat donde incluso se me acusó de envidioso por afirmar que esa nominación no es oficial.

Después de haber estado en el evento de “Siete rieles, siete escritores” nada me daría más gusto que Matamoros fuera una segunda Aracataca, pero hay precisiones que debemos conocer.

Sesudo lector, debo decirte que la Fundación Nobel guarda su proceso con el celo de un monasterio medieval. Los nombres de los nominados —y de quienes los postulan— permanecen bajo secreto durante cincuenta años.

Solo entonces se abren los archivos para el escrutinio histórico, como si los documentos envejecieran hasta alcanzar su propia verdad.

Es decir: los candidatos de 2025 solo podrán conocerse, oficialmente, en 2075. Ni antes, ni por filtraciones, ni por intuiciones literarias de algún editor iluminado.

¿De dónde vienen entonces esos nombres que circulan cada otoño? De las casas de apuestas literarias, especialmente en Londres, que han convertido el misterio en negocio.

Allí aparecen nombres como Haruki Murakami, Annie Ernaux (antes de ganar), Margaret Atwood, Salman Rushdie… y ahora, Cristina Rivera Garza.

Pero esos listados no surgen de la Academia Sueca, sino de analistas, críticos y lectores que especulan, con una mezcla de esperanza y probabilidad.

Quisquilloso lector, debo decirte que no son nominaciones. Son apuestas, con el mismo rigor que las de la Champions o el Óscar.

Que una escritora matamorense aparezca entre esas listas apócrifas no deja de ser motivo de orgullo. Rivera Garza —autora de Nadie me verá llorar, El invencible verano de Liliana y Dolerse— ha llevado el español de Matamoros, Tamaulipas al mundo, con una prosa que respira frontera y memoria, cuerpo y duelo.

Pero confundir la mención con una nominación sería injusto tanto para ella como para la verdad y para Matamoros.

En la penumbra de los oráculos digitales, la autora se convierte en símbolo de nuestras ganas de creer que el mundo, por fin, mira hacia nuestro Matamoros querido.

En este caso los matamorenses debemos saber que el Nobel no se pide, no se propone públicamente, no se postula en redes. Los candidatos son sugeridos por instituciones, profesores universitarios, academias de letras y antiguos laureados, y solo un puñado de miembros de la Academia Sueca conoce sus nombres.

Todo lo demás —las “nominaciones filtradas”, los “fuentes cercanas”, los “insiders culturales”— pertenece al folclor moderno de la información: una ficción viral con aroma de esperanza.

Querido y dilecto lector, tal vez lo más hermoso del rumor no sea su falsedad, sino su deseo. Que Matamoros crea que una de las suyas podría alcanzar el Nobel habla del poder de la literatura para generar orgullo, conversación y fe en la palabra.

Porque si algo nos ha enseñado Cristina Rivera Garza, es que la literatura no necesita medallas para ser infinita. Y quizá, cuando llegue el año 2075 y se abran los archivos, entre los papeles amarillentos de la Academia Sueca, aparezca su nombre.

Entonces sí, el rumor se volverá historia.

El tiempo hablará.

Nota editorial: Locuras Cuerdas verificó directamente en las fuentes oficiales de la organización Nobel (nobelprize.org) que no existe lista pública ni oficial de nominados a ningún premio.

Los nombres que circulan cada año provienen de casas de apuestas y especulaciones mediáticas, no del Comité Nobel ni de la Academia Sueca.

 

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