El Quinto Elemento
"La esencia crítica de nuestra realidad"
Angélica María Arredondo Arrambide
La política dejó de ser un espacio de ideales para convertirse en un campo de intereses, pues algunos funcionarios que en su mayoría llegan a ocupar cargos públicos han olvidado que su investidura no es un privilegio, sino una encomienda social, y no fungen como verdaderos representantes de las mayorías, pues en vez de servir, compiten se promueven y el protagonismo muestra la sustitución sobre el compromiso social, daños que permean hacia el partido que les dio la oportunidad y sobre todo se extiende al tejido social de una sociedad más informada, que observa, juzga y cada vez más desconfía.
Existe una diferencia sustancial entre ser funcionario y ser servidor público, ya que mientras el funcionario cumple horarios, el servidor cumple con su conciencia, mientras que el funcionario ejecuta órdenes; el servidor actúa basado en sus principios, valores y preparación.
Pero cuando un servidor usa su posición para mal informar, dividir o confundir a la ciudadanía solo para ganar simpatías o alimentar su ego y ansias de poder, traiciona no solo a su partido, sino también al pueblo que confió en su palabra.
Aún en la actualidad los partidos políticos, son pilares de la democracia que representan ideales, valores y líneas de acción que buscan dar rumbo al país y la procuración del bienestar común.
Sin embargo, la falta de ética interna, el oportunismo y la ambición desmedida están debilitando su esencia. Quienes hoy cambian de bandera según les convenga, o atacan desde dentro a las instituciones que los impulsaron, olvidan que la lealtad política es, ante todo, una cuestión de congruencia y respeto hacia el país, estado o municipio que representan, a los ciudadanos, a su familia y hacia ellos y ellas mismas.
No hay que olvidar que en esta nueva era de la tecnología, información y conocimiento digital, crece una sociedad que ya no tolera la simulación y si exige resultados, coherencia y respeto, porque la política sintética se convierte en espectáculo, y el servidor sin principios, percibido como un personaje vacío sin propuesta que avale su trabajo y a la vez incapaz de gestionar desde el ámbito que se encuentre, beneficios para sus comunidades, con propuestas contundentes.
Es por ello que esta sociedad mejor informada, clama por la recuperación del sentido moral de la política y ojo, esto no es una opción: es una urgencia, que se visualiza cada vez más en las percepciones y expresiones ciudadanas, porque solo así podrá volver a tener valor la palabra “servir”, y solo así se podrá reconstruir la confianza entre gobernantes y ciudadanos.
Compromiso a medias: la paradoja de servir al pueblo mientras se busca escalar
En México, ocupar un cargo público por elección popular es, ante todo, una responsabilidad que trasciende intereses personales. El funcionario elegido no solo administra recursos o dicta políticas; se convierte en representante y voz de quienes lo eligieron, con el deber de actuar con ética, transparencia y compromiso pleno.
Sin embargo, la realidad muchas veces pinta un panorama distinto: el compromiso se diluye cuando la ambición de escalar a un cargo mayor se antepone a la responsabilidad inmediata.
La fisionomía de estos servidores públicos no solo habla de su presencia física o conexiones en el ámbito, , sino en sus posturas, gestos y actitudes, hasta el tono de la voz que revelan señales de ciertos desajustes entre la congruencia y el deber ser, el tratar de apresurar reuniones con liderazgos políticos, manejar discursos calculados y la obsesión por la exposición en redes más que por el mostrar trabajo de tu competencia real, denota que la mira está puesta en el siguiente peldaño del poder y los problemas que motivaron su elección permanecen esperando atención, en segundo plano y eso la ciudadanía lo percibe: promesas a medias, proyectos inconclusos y su poca participación en estrados o en la acción de políticas públicas, dejando la sensación de ser un trámite más en la carrera personal del funcionario o funcionaria.
Este fenómeno rompe la confianza de la sociedad en sus representantes; también desgasta y desacredita la política misma. Un funcionario o funcionaria que prioriza su proyección sobre su labor inmediata pone en riesgo la continuidad de proyectos sociales, la correcta gestión de recursos y, sobre todo, la legitimidad de su propia responsabilidad al frente del cargo que ostenta
Muchos coincidimos en que la política, en su esencia, debería ser un compromiso temporal y honorable y al momento de ejercer algún cargo servir con entrega, escuchar y responder, incluso cuando nadie está observando y al cumplir tu período tener la conciencia tranquila, dejando una huella que hable de su trabajo de manera profesional y hechos que muestren la congruencia que existe entre palabra y acción.
El aspirar subir en la carrera política no es privativo de negación si es acompañado de resultados en la encomienda anterior de manera responsable al cumplir metas y objetivos comunes, ya que el problema se advierte cuando el servicio profesional se ve eclipsado cuando la ambición les gana más que el deber hacia quienes depositaron su confianza y tirando por la borda es gran oportunidad de servir a tu país para transformar vidas y no solo para buscar el sueño personal e individual o de grupo, en donde las acciones buenas o malas dejan una marca en la trayectoria del individuo.



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