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Sanar heridas maternas

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En el libro 'Transforma tu herida materna', la psicóloga Lydiana García combina teoría, experiencias y ejercicios prácticos.
martes, 30 de septiembre de 2025
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Agencia/Reforma

Todos tenemos (o tuvimos) madre. Y en esa relación, muchas veces se abre una herida que cargamos el resto de nuestras vidas... hasta que decidimos sanarla, afirma la psicóloga puertorriqueña Lydiana García, autora del libro Transforma tu herida materna (Diana).

Con más de 17 años de experiencia clínica y un doctorado en Consejería Psicológica, García combina diversas herramientas terapéuticas para acompañar a quienes buscan sanar ese vacío emocional, afectivo o de seguridad en la relación con la madre, y que deja huellas profundas en la vida adulta.

"Cuando el vínculo con mamá no hubo o no fue consistente en tres categorías: guía, seguridad y amor incondicional, lo que pasa es que internalizamos la idea de que no somos suficientes o de que nuestro valor depende de lo que hagamos o logremos.

Ahí nace la herida materna", explica en entrevista.

Aunque su trayectoria profesional en Estados Unidos la había acercado a familias migrantes y madres latinas, García admite que su libro nació de una vivencia personal.

"Cuando fui madre sentí en carne propia lo difícil que es maternar en un sistema que no apoya a las mamás. Me di cuenta de las injusticias y de cómo los traumas se repiten en el linaje", comparte.

La psicóloga narra que en su historia familiar hubo separaciones tempranas, enfermedades y distanciamientos que marcaron la relación con su madre y su abuela.

Esa exploración derivó en Transforma tu herida materna, una obra que combina teoría, experiencias y ejercicios prácticos para invitar a los lectores a mirar su historia con compasión y sin juicios.

García dedica un capítulo a explorar cómo, en la cultura latina, la relación madre-hijo varón suele transmitir tanto el machismo como el marianismo, un rol de género femenino tradicional basado en las creencias y tradiciones culturales hispanoamericanas.

"Muchas veces la mamá pone al hijo en un pedestal, lo vuelve el niño dorado, pero a la vez lo reprime: no puedes llorar, no puedes mostrar emociones.

Eso afecta sus relaciones futuras y lo sobrecarga de expectativas", explica.

"Hablo del rechazo a lo que gesta vida. Muchos hombres están trabajando hoy esa relación con mamá, porque, si no lo hacen, arrastran patrones en pareja y en la manera en que viven la paternidad".

Sanar no es culpar

Uno de los ejes centrales del libro es la idea de humanizar a la madre. García subraya que la intención no es cargarla de culpas.

"Si alguien busca culpar a mamá, este no es el libro. Mi intención fue muy clara: abrir un espacio para hablar de lo que no se habla, de lo que nos tragamos para honrarla, pero que termina convirtiéndose en una lucha interna.

No se trata de señalar, sino de reconocer y sanar", dice.

La autora explica que el proceso incluye aceptar que, en algunos casos, poner límites o incluso tomar distancia de la madre es necesario.

"Pero no desde el coraje, sino desde el amor propio. Ya no tengo siete años, soy adulto, me toca responsabilizarme. Puedo cuidar de mí y a la vez mirar a mi madre con una mirada amorosa, aceptando su destino y el mío", detalla.

En el libro, García plantea que la herida materna tiene múltiples capas: lo que cada persona vivió en su infancia, lo que vivió la madre y lo que viene de los ancestros.

"Una mamá con la que trabajé era una de 14 hijos, desde los 8 años tuvo que trabajar. No tuvo infancia. A eso se suman las creencias culturales, el machismo, el patriarcado, los guiones familiares.

Todo eso oprime y también afecta cómo maternamos", advierte.

Por ello, cada capítulo ofrece recursos distintos: desde ejercicios de escritura y pausas de atención plena hasta cuestionarios para identificar traumas y prácticas de constelaciones familiares.

"Doy herramientas somáticas, frases sanadoras y hasta meditaciones para soltar a la madre idealizada que quisimos tener. Porque el duelo de esa madre que no existió es necesario para poder aceptar a la que sí tuvimos", agrega.

Hacia la aceptación

El objetivo final es la liberación, remarca García.

"La aceptación es lo más importante. Humanizar a mamá, entender que no todo fue personal, aunque nos haya dolido. Dejar de esperar que cambie.

Eso te libera. Cuando no estoy mirando hacia atrás esperando algo de mi madre, puedo mirar hacia la vida, vivir mi presente y alcanzar mi mayor potencial", asegura la terapeuta.

En ese sentido, considera que transformar la herida materna también tiene un impacto social y cultural.

"Si trabajáramos más el rechazo a lo femenino a nivel individual, cuidaríamos de otra manera al planeta. Seríamos menos extractivos, más respetuosos con la naturaleza.

Sanar la herida materna es también transformar nuestra relación con la Madre Tierra", sostiene.

Y aunque admite que el proceso puede ser doloroso, también aclara que no se trata de algo imposible.

Para ella, la clave está en reconocer la herida, asumir la responsabilidad de la propia sanación y abrirse a la posibilidad de mirar a la madre desde la aceptación.

"Al final, se trata de reconciliarnos con nuestra historia para dejar de repetirla. Dejar de vivir mirando hacia atrás y empezar a vivir hacia adelante", concluye.

¿Cuáles son las heridas maternas?

Las heridas maternas se pueden resumir en el rechazo que sentimos por parte de mamá y se expresa a través de lo siguiente:

1.- Críticas hacia nuestra persona.

2.- No nos permitían expresarnos verbal ni emocionalmente.

3.- No querían tenernos.

4.- Ignoraban nuestras necesidades.

5.- Negligencia.

6.- Abandono.

¿Qué hacer?

A la madre o figura materna la necesitamos en todo momento, sin importar la edad, pues representa el amor incondicional, el apoyo y la nutrición:

1.- Practica la autorreflexión

2.- Haz una pausa para respirar.

3.- Cultiva la paciencia contigo mismo.

4.- Celebra tus logros, grandes y pequeños.

5.- Mantén conversaciones positivas contigo mismo.

6.- Establece rituales de autocuidado.

7.- Conéctate con la naturaleza.

8.- Practica la compasión hacia ti mismo.

9.- Establece límites saludables en tus relaciones.

10.- Acepta tu humanidad.

11.- Cultiva relaciones de apoyo.

12.- Haz espacio para el descanso y la relajación.

13.- Encuentra formas de expresar tu creatividad.

14.- Busca ayuda profesional si es necesario.

15.- Perdónate a ti mismo.

 

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