El Quinto Elemento

"La esencia crítica de nuestra realidad"

Angélica María Arredondo Arrambide

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Credibilidad partidaria vs. Democracia: la delgada línea de la política

sábado, 6 de septiembre de 2025
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En la política actual, la práctica de un sinfín de estrategias muchas veces partidarias y otras tantas de intereses de grupos ha motivado al no respeto a los verdaderos estatutos, principios fundamentales ideológicos y éticos del pensamiento crítico que define su identidad, propuestas pensadas en el bien común de las mayorías que promueven en cada proceso de elección y su cumplimiento, que motiven realmente la confianza y la participación ciudadana en defensa de los intereses colectivos y en pro de municipios y estados prósperos, equitativos, incluyentes y realmente democráticos.

Es necesario recuperar el sentido de pertenencia y esencia dentro de la vida partidista. No se trata de impedir el disenso ni la crítica interna, sino de exigir congruencia, ya que la democracia se sostiene en la confianza: si los partidos se vacían de ideales, y los políticos se mueven solo al vaivén de sus intereses, esa confianza se resquebraja.

La ciudadanía tiene memoria y cada vez más exige claridad, rendición de cuentas y lealtad a la palabra dada. La política no puede ser un terreno de oportunistas eternos lleno de promesas sin cumplir, sin saber cómo o cuando y con quienes se cuenta; debe ser un espacio de convicciones firmes, porque sin ellas, lo único que florece es el desencanto.

Existe una línea muy fina entre la credibilidad partidaria y la verdadera democracia, dilema central en la política contemporánea, hechos que han dejado de ser espacios de representación ciudadana para dar paso a plataformas de ambiciones personales, han dejado de buscar la cohesión interna y disciplina.

En teoría, los partidos políticos representan ideologías, visiones de país y proyectos colectivos en la práctica, sin embargo, la realidad mexicana nos muestra un panorama distinto: estructuras que muchas veces se convierten en trampolines para intereses personales, donde los estatutos son letra muerta y la lealtad partidista se reduce a un simple membrete.

El oportunismo político se le conoce como esa práctica de cambiar de partido, de discurso o de postura según convenga al momento, misma que se ha normalizado hasta convertirse en un mal endémico de nuestra vida democrática.

En lugar de debatir proyectos de fondo, se compite por candidaturas como si fueran concesiones individuales, sin importar la militancia ni los principios que en teoría deberían guiar el actuar de cualquier dirigente o representante y hoy en día los aspirantes políticos sean preparados profesional y estratégicamente para los cargos a representar siendo sometidos a evaluaciones desde psicosociales, hasta habilidades profesionales para los puestos como servidores públicos.

Los llamados saltamontes son ya parte del paisaje político nacional y local, saltan de un partido a otro, se autodefinen como “independientes” cuando conviene, y regresan a la militancia si aparece una nueva oportunidad.

El ciudadano observa estas piruetas con creciente desconfianza, y no sin razón: ¿cómo creer en alguien que hoy se declara defensor de ciertos ideales y mañana los abandona sin mayor explicación?.. En estos tiempos ya los ciudadanos son más interactivos dejando atrás el ser sólo espectadores y utilizan las redes para intercambiar puntos de vista, criticar, avalar y opinar sobre el quehacer político y evaluar las políticas públicas de los gobiernos, ya no es fácil engañarlos.

Es hora de evaluar también a los aspirantes porque aún no es tiempo de candidatos, hasta el 2027 y sean nombrados de manera oficial por los partidos, quienes deben de analizar concienzudamente al admitir a personajes en todos los ámbitos pues hay quienes no conocen ni siquiera los artículos de la Constitución, o bien gestionar y tocar puertas, proponen proyectos sin conclusión y solo turistean sin resultados, como si solo ellos hubieran logrado hacer las cosas y dejar su marca, pero no huella positiva en sus acciones.

La falta de conocimiento sobre conseguir fondos y recursos para aplicarlos en necesidades que realmente sean de beneficio colectivo como por ejemplo, un eficiente drenaje pluvial o una estación de almacenamiento y tratado de aguas de lluvia y residuales, pozos de captación urbanos y rurales, dotar de paneles solares a las escuelas entre otros proyectos interesantes, que ayudarían enormemente a comunidades enteras, son parte de una letra urgente en las agendas políticas.

Cuando no hay proyecto solo imagen eso desdice mucho al momento de ejercer un puesto de representación popular, cuantos cabildos hay inactivos sin realmente aplicarse en sus comisiones y solo pasan de manera fugaz, porque lo suyo no es la política, la gestión y el servir realmente a la ciudadanía a quien según representan y al momento de llegar ahí, no saben su función más que levantar la mano y pararse en eventos públicos , así como recibir jugoso salario y compensaciones, sin el mínimo esfuerzo.

El daño es profundo, el oportunismo erosiona la confianza en las instituciones, debilita los contrapesos y alimenta el abstencionismo. Cuando la política se percibe como un juego de intereses personales, los votantes concluyen que su voz no importa y que los partidos son, en el fondo, franquicias al servicio de unos cuantos.

Es urgente rescatar la credibilidad ciudadana con propuestas y proyectos de calidad, incluyentes, con metas alcanzables, analizadas por expertos con total transparencia, siendo congruentes y sobre todo, cumplir a cabalidad el término de su responsabilidad firmando una carta compromiso y por sanidad social, económica y política, hay que recordar que la democracia exige debate, diversidad y participación, con ello revivo la frase sufragio efectivo no relección.

 

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