El Quinto Elemento
"La esencia crítica de nuestra realidad"
Angélica María Arredondo Arrambide
La palabra infodemia nació en 2003 para describir la epidemia de rumores durante el SARS y la OMS la retomó en 2020 con la pandemia de COVID-19.
Hoy ese concepto se instaló en la política mexicana, ya que partidos opositores han encontrado en la desinformación un recurso tan efectivo como peligroso.
Dos décadas después la Organización Mundial de la Salud la retomó, para describir la avalancha de información algunas veces cierta y muchas otras falsa que se propagó durante la pandemia de COVID-19.
Hoy ese concepto ha saltado del ámbito sanitario al político y en Tamaulipas lo estamos viviendo en carne propia.
Ya que recientemente se presentaron demandas por un quebranto patrimonial por parte del gobierno panista por más de 340 millones de pesos tan solo en la Secretaría de Salud, con pruebas documentales que ya fueron puestas a disposición de la Fiscalía Estatal, por parte del jurídico estatal y lo más terrible en época de pandemia afectando a miles de Tamaulipecos, muchos que ya no están con nosotros.
En el mismo tenor, la vocería del PAN revivió la narrativa de siempre de acusar sin pruebas documentales, más que su dicho y los nexos del personaje financiador de campañas y que hoy es una realidad la relación con el ex gobernador exiliado en Texas que ahora tendrá que rendir cuentas ante la ley y los Tamaulipecos.
Además, ese discurso acusatorio que realizan los opositores al gobierno oficial, pretende enmarcar no como ataque partidista sino como una demanda social y buscar que se revierta la indignación pública y legitimar esa defensa opositora sin presentar pruebas sólidas de su dicho.
Las redes sociales y los grupos de mensajería se han convertido en campo fértil para que partidos opositores difundan rumores, noticias manipuladas y cadenas alarmistas.
No se trata de errores inocentes ni de simples “malentendidos digitales”; es una estrategia deliberada que busca sembrar desconfianza, generar miedo y desgastar a las instituciones.
Rumores que pretenden ser virales, noticias falsas y cadenas alarmistas circulan en redes y grupos de mensajería con un objetivo claro; debilitar la confianza ciudadana y desgastar a las instituciones, con páginas en redes sociales hechizas y nuevas o escasos dos años de haber sido realizadas, sin seguidores, o cientos comprados para repetirse y aparentar sin argumentos creíbles y que demeritan la labor periodística de investigación, porque muchos se dicen páginas de noticias o información de política del diario acontecer y dejan mucho que desear con sus contenidos.
Las redes sociales se han convertido en el laboratorio perfecto para estas estrategias, con mensajes cortos, emocionales y diseñados para virilizarse, circulan versiones sobre supuestas crisis de seguridad, fenómenos naturales, recortes sociales inexistentes o fugas de inversión sin ningún sustento.
El método es siempre el mismo; lanzar la duda, amplificarla con cuentas falsas y bots, y esperar a que la percepción haga más ruido que los hechos.
El problema es profundo y desgastante, la infodemia política donde involucran la salud, beneficios y fenómenos sociales no solo confunde al ciudadano, también polariza la conversación pública y distorsiona la democracia.
El debate de ideas queda relegado frente a una lucha de narrativas en la que lo que importa no es la verdad, si no qué rumor se comparte más rápido.
En este contexto, la ciudadanía enfrenta un reto crucial; aprender a filtrar la información que recibe, preguntarse siempre ¿quién lo dice?, ¿qué pruebas hay?, ¿a quién beneficia?, puede marcar la diferencia entre ser informado o manipulado, si existen fuentes con argumentos palpables y rostros sin ocultar, valorar el trabajo en el servicio público, en todos los niveles de gobierno, la honorabilidad y el compromiso con los mexicanos, es lo que debe permear en el ánimo del lector.
La infodemia política erosiona la confianza ciudadana, polariza la conversación pública y contamina la democracia. Se debate menos sobre propuestas y más sobre rumores; se comparten menos datos y más emociones disfrazadas de verdades.
La democracia mexicana merece más que propaganda disfrazada de noticia. El antídoto contra la infodemia no es el silencio, si no la crítica: la capacidad de filtrar, contrastar y exigir información verificada.
La mentira se viraliza en segundos, pero la verdad necesita aliados. El antídoto está en la crítica, en la capacidad de contrastar, en la decisión de no compartir sin verificar.
México necesita un debate público serio, no propaganda disfrazada de noticia, además de ciudadanos comprometidos con la verdad, mejor informados, ser no solo espectadores sino piezas clave en la construcción de los gobiernos de manera constructiva y aportando soluciones trabajando por ello, con el fin de hacer políticas públicas de calidad.
Cabe señalar que existen rumores frecuentes de desinformación en caso de secuestros, explosiones, utilización de la IA en videos declarando en falsedad, incluso fotos y videos manipulados y editados, que son de otros países o ciudades afirmando que son de cierto lugar, ocupando lugares importantes, el contraataque sin fundamento en cuestiones políticas, sociales, económicas y empresariales, con la finalidad de mantener la narrativa en discordia con los receptores y mantenerse en el ring político, en caso de los opositores.
La infodemia opositora llegó para quedarse, pero no tiene por qué decidir por nosotros. Que no sea el rumor el que escriba la historia de nuestro país, estado o municipio, si no la verdad defendida por una ciudadanía consciente y crítica.
La mentira se viraliza rápido, pero la verdad puede prevalecer si cada ciudadano decide no prestarse al juego. No permitamos que el ruido digital suplante a la realidad.
En tiempos de manipulación política, creer y compartir con conciencia es también un acto de responsabilidad democrática. Antes de reenviar noticias, memes o audios, comprueba que provengan de fuentes confiables; medios reconocidos, organismos oficiales o expertos en la materia.













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