Ma. Teresa Medina Marroquín
Orbe
No soy yo quien lo afirma, sino investigadores de universidades mexicanas y extranjeras concluyendo ---a ver qué opina usted--- que la corrupción en este país ha sido “naturalizada”.
Significa que la corrupción se convirtió hace muchas décadas en un fenómeno natural, en un hecho normal, regular, común y ordinario, incluso “muy humano”, que se ha vuelto una acción indispensable en las relaciones sociales y de negocios.
Y que, como decía el periodista británico Alan Riding, en su libro “Vecinos distantes” de 1984, en México la corrupción es el “lubricante” que permite el funcionamiento de la maquinaria política y social, cuyos efectos no son sólo el problema, sino que facilita la interacción y el movimiento dentro del sistema, pero de manera ilegítima, obviamente.
Subrayaba el también ex corresponsal del The New York Times en Brasil, que la corrupción en México ha sustituido a los mecanismos formales y legales; “un componente que facilita ciertas interacciones y operaciones dentro de la sociedad y el gobierno”.
Asimismo, en lo que pocas veces se reflexiona:
Las y los mexicanos, hemos nacido (según ciertas conclusiones radicales pero serias) en un ambiente de corrupción, quizá confirmado esto por el llamado pecado original.
Otros pensadores como Immanuel Kant, consideraban que al ocurrir esta tragedia moral es porque “se trata de un árbol caído del cual no se pueden obtener tablas rectas, compactas y macizas”.
¿Vivimos pues en un país inmerso en un proceso perverso y criminal? Bueno, al menos en eso todo mundo coincide, y donde tampoco se niega que se haya llegado a ese extremo porque desde los tiempos de la colonia fuimos convertidos en una sociedad desigual
De manera que ya lo traemos en los genes, y al llegar esa gente al poder político, mexicanos mayormente mestizos, también se cree que prevalece un rencor ancestral, apoderándose de las estructuras del Estado y controlando las leyes, e importándoles poco o nada el bien común.
Así no podremos avanzar partiendo de la base de que no sólo se sufre una tendencia a la corrupción, sino que ésta ya la traemos en la sangre y detona cuando hombres y mujeres se vuelven portadores del poder.
Siendo esa la condición en que más se corrompen las personas.
HASTA DONDE TOPE: PRESIDENTA CLAUDIA SHEINBAUM
En ese sentido llama poderosamente la atención el pronunciamiento hecho este martes 8 de julio en su conferencia matutina por la presidenta Claudia Sheinbaum, declarando tajantemente que en las investigaciones contra el “huachicol” se llegará “hasta donde tope”.
Señaló la primera mandataria del país que el objetivo de su gobierno es erradicar este delito, suponiéndose que en esta misma tesitura se encuentran otros delitos graves como la corrupción en los gobiernos y el narcotráfico y todas sus ramificaciones.
En el Tamaulipas que gobierna Américo Villarreal Anaya sobrevendrán también esos escenarios decisivos que arranquen de raíz la corrupción con la que en sexenios pasados la corrupción ha causado un cáncer agresivo y mortal.
La alternativa para lograrlo se llama transparencia absoluta, como sucede en otros países avanzados, cuyas democracias consolidadas han implementado sistemas de control anticipados a la catástrofe de la corrupción.
Quizá con un policía que vigile a cada funcionario, como lo dije este miércoles, pero en la civilidad que se demanda serían más fiables y eficaces los auditores y los fiscales de las diferentes instituciones federales y estatales.
Una vigilancia y aplicación de la ley que conlleve una entereza ética, a la par con la transparencia, y no el juego perverso e interminable del “¡No nos volverán a saquear!” de José López Portillo, “La renovación moral de la sociedad” de Miguel de la Madrid, la moral hipócrita y corruptísima de Carlos Salinas de Gortari y “La democracia” de Ernesto Zedillo.
Y aún falta ver cómo este año séptimo juzgará al expresidente Andrés Manuel López Obrador.
¡Deseándoles un día maravilloso!
tessieprimera@hotmail.com , @columnaorbe, columnaorbe.wordpress.com



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