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Es Gilio el triunfador en la Monumental

Arturo Gilio fue el triunfador de la corrida inaugural de la temporada 2025 en la Monumental Monterrey; Guillermo Hermoso de Mendoza cortó un apéndice y Diego San Román salió con las manos vacías. Crédito: José Aguilar
- El torero lagunero lagunero Arturo Gilio sale en hombros al cortar par de orejas en inicio de la temporada regia
sábado, 10 de mayo de 2025
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MONTERREY

/REFORMA

El lagunero Arturo Gilio aprovechó las embestidas del único toro bueno del encierro de Mimiahuapam, al que le cortó las dos orejas, para proclamarse como triunfador de la corrida inaugural de la temporada 2025 en la Monumental Monterrey, que registró casi media entrada en los tendidos.

El rejoneador Guillermo Hermoso de Mendoza cortó un apéndice al abre plaza, en tanto que Diego San Román enfrentó al lote más complicado y deslucido del festejo; salió con las manos vacías.

Del encierro, cuyos nombres en el cartelillo fueron alusivos al Día de las Madres, los de rejones fueron inciertos para la lidia y para los de a pie, el único bueno fue el tercero.

La afición estuvo entregada con la terna y al grito de Vive Libre, mostrando los pañuelos de la Libertad, disfrutó de una buena noche en el tendido.

Gilio, quien cumplió su tercera actuación en Monterrey, ligó su segunda puerta grande, tras cuajar una primera faena vistosa de capa y con parsimonia en la muleta, viéndose a gusto en la cara del toro, ya que se pudo expresar y disfrutarlo por derechazos.

Su segundo mostró dificultades, pero estuvo muy entregado, perdiendo el trofeo por sus fallas con la espada y escuchar al final un aviso.

Hermoso de Mendoza tuvo momentos bonitos y disfrutó ante sus dos enemigos, teniendo que poner mucho de su parte, ya que al ser inciertos y cambiantes de ritmo complicaron sus faenas.

Destacaron sus pares a dos manos montando a "Justiciero" en el segundo de su lote.

San Román enfrentó a dos toros complicados, sobre todo su segundo, con genio, que se revolvía rápido, sabiendo lo que iba dejando atrás en los muletazos.

En una ocasión el toro lo empaló, perdonándole la cornada, pero dejándolo maltrecho.

 

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