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Aporta pandemia lecciones de ciencia

El mundo ha subido un escalón en el conocimiento científico general, específicamente en lo relacionado con los virus.
jueves, 10 de junio de 2021
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Agencia/Reforma

A más de un año de la pandemia provocada por el SARS-CoV-2, y a pesar de los embates de la desinformación, parece innegable que el mundo ha subido un escalón en el conocimiento científico general, específicamente en lo relacionado con los virus.

"Si tuviese que hacer una metáfora, diría que ahora mismo el mundo se ha hecho el primer curso de virología", opina en entrevista telefónica el doctor en genética y biología celular Miguel Pita (Madrid, 1976) para quien, no obstante, los divulgadores deben todavía esforzarse por informar la trascendencia de la ciencia.

"Aunque la sociedad, a costa de este sufrimiento, a costa de este horrible virus, ha recibido unas lecciones de ciencia forzadas, todavía haría falta que calase más el pensamiento científico en la sociedad.

Por lo menos, desde mi punto de vista, para que no hubiese tanta confusión".

El también profesor investigador de la Universidad Autónoma de Madrid ha hecho lo propio en este sentido, pues, motivado por las inquietudes cotidianas que recibía por parte de familiares y amigos al inicio de la contingencia sanitaria, compiló en un volumen una serie de ideas para comprender la existencia de los virus y por qué algunos son capaces de generar pandemias.

Un día en la vida de un virus. Del ADN a la pandemia (Editorial Periférica, 2020), recién llegado a las estanterías del País, es el libro donde Pita, de forma clara y amena, explica lo mismo algo tan básico como la formación de moléculas que el modo en que operan los virus -"fragmentos dispersos de material genético que aparecen y desaparecen de manera puntual en la historia de la vida"-, escribe.

"Necesitan entrar en una célula para poder replicarse, por eso se discute si están vivos o si son solamente una molécula química con la habilidad biológica de autocopiarse.

En cualquier caso, disponen de lo más importante para tener actividad, su ADN -o ARN-, el director general, que en el caso de los virus es casi más un estafador que anda suelto buscando una empresa a la que saquear", detalla el madrileño en su obra.

Asimismo, valiéndose de dos virus ficticios -el RE-VI y el XicuV- en una estructura narrativa de tintes novelados, Pita cuenta al lector no especializado cómo se desata la defensa por parte del sistema inmune; el funcionamiento de las vacunas, las condiciones que posibilitan una pandemia y las opciones para salir de la misma y vencer a un virus que trastoca la dinámica global y la sensación de inmortalidad de los habitantes.

"La sofisticada sociedad humana se ve sometida por los inconscientes designios de un ARN descontrolado. A causa de una molécula muy particular, los centros comerciales, catedrales del siglo 21, se transforman en grandes cascarones vacíos y la población se acostumbra a ver a sus congéneres llevando mascarilla protectora con la misma naturalidad que unas gafas de sol", expone en su texto; singular reflejo de lo padecido durante el último año.

A decir suyo, si bien el problema es grave, dar respuesta a las preguntas que vinieron junto con el Covid-19 fue relativamente sencillo gracias a que actualmente se cuenta con muchísimo más conocimiento sobre los virus, a diferencia de hace un siglo con la Gripe Española, la última gran pandemia.

"De verdad que ha sido una dura pelea, está siendo una dura pelea, pero gracias a que sabemos muchas cosas, por ejemplo, hemos podido tener unas vacunas en tiempo récord; ya nos hubiera gustado tenerlas más rápido.

Pero lo cierto es que desde que surgió el virus, disponemos de una gran fortuna, ya que teníamos mucho conocimiento", reitera.

Aunado al trabajo de hacer accesible la información científica, en su libro Pita también reflexiona, entre otras cosas, sobre los ataques en redes sociales; la imposición de la opinión por encima del conocimiento, y las creencias falsas en las que puede caer el cerebro humano, limitado para comprender ciertas cosas fuera de lo común.

¿Por qué en esta época de tanta divulgación científica y acceso al conocimiento prevalecen las teorías de conspiración y las noticias falsas?

En cierto modo es porque las explicaciones conspiratorias, negacionistas, etcétera, de alguna manera, y en líneas generales, resultan muy atractivas.

Por un lado son sencillas; son tan fáciles como encontrar culpables sobre los cuales depositar los problemas que nos ocurren. Y, por otro lado, responden a una estructura narrativa que se parece mucho a nuestros cuentos y nuestras películas, mientras que la ciencia no.

Nuestro cerebro se entiende muy bien con el negacionismo y con las teorías de conspiración porque son como los cuentos que nos contaban cuando éramos pequeños.

Mientras que la ciencia es muy compleja; es muy, muy compleja.

El investigador lo ilustra contraponiendo la complejidad para comprender el origen del universo a partir de una gran explosión hace 14 mil millones de años, cifra que escapa a nuestra comprensión, frente a la idea de que fue creado por una entidad semejante a los hombres, pero omnipotente.

Algo similar ocurre respecto al origen del SARS-CoV-2: "¿Cuánto más atractivo es que te expliquen que alguien malvado lo ha hecho, que pensar que estas cosas pueden ocurrir en la naturaleza?", pregunta Pita.

"De alguna manera, lo comprendemos mejor si se parece a nuestros cuentos, y también nos tranquiliza más saber que hay un enemigo definido, que no es simplemente un evento de la vida.

Es mucho mejor tener un enemigo definido que asumir que los virus están ahí, que pueden saltar de unas especies a otras. Eso nos produce una mayor inseguridad.

"(Entonces), creo que sí es bueno que haya habido ahora esta apertura de puertas al conocimiento científico. Pero creo que haría falta abrirlas un poco más, porque todos somos también testigos de que hay muchas noticias falsas, de que hay mucha confusión, mucha desinformación que sigue teniendo también un efecto patente en gran parte de la sociedad".

Doloroso, críticas a las vacunas

Las campañas en contra de las vacunas contra el SARS-CoV-2 representan para Miguel Pita el ejemplo más claro de esta desinformación persistente, con implicaciones preocupantes.

Y es que a pesar de haber conseguido desarrollarlas en un auténtico tiempo récord, incluso antes de tener algún medicamento específico para la enfermedad -algo que sorprende al madrileño, pues usualmente ocurre al revés-, aún se escuchan como ruido de fondo quejas y manifestaciones en contra, mientras comienzan a surtir efecto alrededor del mundo.

"Si nos remontamos tres meses atrás, era realmente doloroso escuchar la desinformación que había con respecto a las vacunas. Ahora hay menos porque todos estamos viendo que afortunadamente los primeros vacunados, nuestros adultos mayores en general, ya no mueren en unas cifras tan desorbitadas como hacía medio año o un año", celebra el científico.

"Luego ya, es muy difícil levantar la voz contra las vacunas, afortunadamente. Pero las barbaridades que hemos tenido que escuchar y soportar después de un mérito tan grandísimo como es sintetizar vacunas en un tiempo récord, esas terribles críticas, esos terribles miedos que hemos tenido que escuchar hace seis o tres meses cuando se empezaron a administrar, la verdad es que era un poco desalentador".

Son tales críticas a las vacunas lo que más ha dolido y preocupado a Pita, según confiesa, pues, producto del grado de inteligencia alcanzado por la especie humana, se trata de herramientas para defenderse de sus peores enemigos: hongos, virus y bacterias.

"Somos hijos de supervivientes gracias a las vacunas, porque nuestros peores enemigos han sido siempre los microorganismos; ni los tigres de dientes de sable ni nosotros mismos, sino seres microscópicos", subraya "y gracias a las vacunas hemos vencido a muchísimos de ésos; y gracias a las vacunas vamos a poder recuperar una cierta normalidad que no recuperaríamos de ninguna manera si no existiesen".

Como él mismo lo explica en su libro: "Si estamos vacunados de una enfermedad que no hemos padecido, no dependemos de que nuestro sistema inmunológico genere por azar el anticuerpo apropiado, recibimos la fórmula del éxito en una inyección, ganando tiempo y puntería.

Las vacunas nos dotan del armamento adecuado para cuando se presente la batalla. Sin duda uno de los logros más grandes de la humanidad".

De ahí que le cause tanta pena escuchar a congéneres hablar mal de esas herramientas que tanto nos han salvado.

"Decir que algo tan bonito que hemos logrado nosotros gracias a nuestro conocimiento y a nuestro desarrollo tecnológico como las vacunas son malas, me resulta particularmente doloroso.

Porque no sólo es que sean normales, ¡es que son buenísimas!; les debemos tanto, que criticarlas me parece una falta de respeto.

"Afortunadamente, hemos ganado un poquito de terreno en el conocimiento científico, pero los científicos y los divulgadores tenemos que hacer un esfuerzo mayor porque rápidamente ese territorio lo perdemos en favor de los alarmistas y los negacionistas", insiste.

A casi un año de que Miguel Pita concibiera Un día en la vida de un virus, resulta interesante no sólo la forma en que el libro refleja una pandemia tan parecida a la que hemos vivido, sino el propio uso que el investigador y divulgador español hizo de nociones que en su momento eran nuevas para el grueso de la población, y hoy parecen estar muy asimiladas.

Ya sea la cuestión de los aerosoles, esas partículas más pequeñas que las gotículas de saliva emitidas desde el tracto respiratorio y que al día de hoy han sido reconocidas como la principal vía de transmisión del SARS-CoV-2; o el tema de las variantes de los virus, los cuales mutan conforme van infectando un organismo tras otro.

Acaso algo que el doctor en genética y biología celular no plasmó en su obra, pero que hemos atestiguado en los últimos meses, es el tema de la repartición desigual de las vacunas entre las naciones del globo.

"Yo no estoy sorprendido, porque vivimos en un mundo muy injusto y muy desigual. No podemos estar sorprendidos; podemos estar indignados", expresa. "No vivimos en un mundo en el que haya ninguna clase de equidad; desgraciadamente, ni se la espera próximamente".

No obstante, y considerando que la vacunación aún está en una fase temprana, Pita espera que se alcance una distribución más justa, pues es la única forma en que será posible superar la pandemia y vencer al virus que la ocasionó.

"Si queremos derrotar al virus tenemos que conseguir una vacunación universal. Si no, siempre va a haber individuos en los que se va a poder refugiar el virus y en los cuales va a poder evolucionar", advierte el madrileño.

"No vale de nada que Inglaterra alcance su 70 por ciento (de población inmunizada) si el resto del mundo no lo alcanza; o si no, lo único que va a poder hacer es cerrar sus fronteras, y un mundo como el nuestro es un mundo absolutamente conectado", sostiene, "hasta que no salgamos todos, no hemos salido".

Finalmente, el profesor investigador de la Universidad Autónoma de Madrid extrae de la contingencia un llamado a recapacitar, trascender y evitar la extinción.

"Hace falta dejar de ser un simple Homo sapiens y pensar como un ser humano para afrontar grandes empresas, como apostar por prevenir futuras crisis y cuidar la supervivencia de los seres vivos, incluidos nosotros mismos", escribe en su libro.

¿La pandemia ha sido un aliciente para tal fin? ¿Hemos aprendido algo sobre la fragilidad de la especie humana y por qué hay que atender las señales de alarma?

Yo espero que sí, que hayamos aprendido una lección importante, porque yo creo que después de cada desgracia hay que intentar crecer, hay que intentar anticiparse a la siguiente.

No vale de nada que hayamos tenido un enorme sufrimiento si nos vamos a olvidar de aquello que ha ocurrido. Si olvidamos nuestro pasado, estamos condenados a repetirlo, como dice la famosa frase.

Y esto es un error que le ha pasado a la humanidad en frentes muy distintos varias veces, y estamos expuestos a que nos vuelva a ocurrir algo semejante si intentamos pasar página muy rápido y hacer como que este fenómeno no ha ocurrido o no puede volver a ocurrir.

Yo espero que tengamos memoria y que aprendamos.

Lo que es evidente para Pita es que ahora los científicos, quienes gracias a sus estudios pueden advertir sobre los males y amenazas a la vuelta de la esquina, contarán con algo más que datos abstractos para persuadir a las personas.

"Ellos van a contar ahora con un ejemplo muy bueno para recordarnos que tenemos esa fragilidad. Aparte de la información que tienen, ahora van a poder decirnos: 'Recordar que no somos tan súper poderosos; recordar que nuestro mundo se puede detener; recordar que nuestro mundo es artificial y es frágil'.

"Nosotros somos una especie orgánica y no podemos permitirnos el estar expuestos, o algún día volveremos a sufrir las consecuencias", advierte Pita.

Tales problemas venideros, sin duda, pueden ser mayores, independientemente de si se trata de nuevas amenazas virales o de las consecuencias de la crisis climática.

"Y, por supuesto, pueden no tener solución. No todo tiene solución; no hay una vacuna, por ejemplo, contra la elevación de la temperatura en la superficie de la Tierra.

Para eso no sabemos hacer una vacuna hoy en día.

"Así que ese es un problema, en ese sentido, por ejemplo, mayor; es una amenaza más peligrosa que tenemos sin duda que atender. Y ojalá este sufrimiento que hemos vivido sirva de lección para no olvidarnos, para continuar con nuestras vidas como vivíamos antes, pero sabiendo que hay que invertir un poco en cuidar el futuro", concluye el investigador.

 

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