REFLEXIÓN DOMINICAL

Antonio Fernández

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EN LA FE Y EL PERDÓN ESTÁ LA REDENCIÓN DE CRISTO

“Jesús le dijo: Porque me has visto has creído: dichosos los que han creído sin haber visto” (Jn 20, 29)
domingo, 19 de abril de 2020
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El Evangelista San Juan expone en su Carta una realidad que no fue sólo para su tiempo, esta continúa hoy siendo una realidad siempre actual, y por tanto necesaria como esencia para todo ser humano que pasa por este mundo y más en estos tiempos de incredulidad que estamos viviendo, parecido al alimento que fortalece el cuerpo, mucho más es la importancia de esta enseñanza para el alma reza; “Porque todo lo que es nacido de Dios vence al mundo: nuestra fe”.

En la crisis que hoy se vive en exagerados cuidados del cuerpo, nada se habla de la necesidad de acudir con fe a Dios para el cuidado del alma, prevalece el esmerado celo de la persona que califica de irrisorio sea por la fe en Dios afrontar la problemática en que está sumida una inmensa mayoría que ha caído en que el estatismo, parsimonia y pereza ha llevado a una inmovilidad donde lo importante es estar frente a la televisión y el celular asustados porque no se entiende o no se quiere comprender que esta forma de proceder no resolverá nada, por el contrario agrava la negligencia y apatía, el desinterés y descuido siembra la incredulidad que tolerada ha ido aferrando las personas a permanecer impedidas sin necesidad, dejarse anquilosar, bueno es como seres humanos creados por Dios entender que de la negación en palabra, obra y pensamiento se pasa a dudar del amor a Dios y la esperanza de salvación, prefiriendo irse a las cosas del mundo a caer en un círculo vicioso que confunde aún más las descomposiciones de la vida material donde no existe la vida espiritual.

Perdidas las personas por su indolencia de que la comodidad es no recapacitar la palabra profética de Cristo Nuestro Señor nos muestra quiérase o no, estamos viviendo su palabra profética; “Pero el Hijo del hombre, cuando vuelva, ¿hallará por ventura la fe sobre la tierra”.

Preocupados volteamos a todos lados repasando amistades, conocidos y hasta familiares ¿Oh! Amarga sorpresa, la problemática de la pérdida de la fe está latente no sólo en ellos sino en el mundo.

La inmensa mayoría de almas no valora que ha perdido el bien de que en la fe y el perdón está la redención de Cristo; ha perdido la fe en Cristo Nuestro Señor como Hijo de Dios; ha perdido la fe de creer y aceptar que vino a redimir al mundo de toda clase de pecado; ha perdido la fe y por tanto arrastrado por la malicia de un ingenio maligno, se estimula a perturbarse con los actos de su vida pecadora como la tentación tolerada y consentida lo pasa a la caída que envuelve, la tentación trastoca el orden espiritual, moral y familiar haciendo que la persona cambie sus sentimientos de fe y amor a Dios, siendo las inclinaciones de urdir, engañar y mentir la perversión que lleva al atrevimiento de continuar en los actos amorales.

Para no calificar todo de exageración se invita a una reflexión y en la intimidad del corazón dejar que la conciencia manifieste lo que molesta y negamos aceptar.


¿Cómo es nuestra conducta para con Dios Nuestro Señor y con nuestro prójimo? La respuesta cada quien tiene en su memoria conocido lo que hace de bueno o de malo, las temeridades de sus pensamientos osados, perversiones atrevidas y el empeño pérfido con el que se propone convertir en realidad un goce efímero y pasajero, semejante al drogadicto que ingirió droga por primera ocasión se siente en una realidad irreal, pero no paró ahí, continuó el vicio hasta hacerlo un vicioso que cayó en un hábito difícil de vencer; eso mismo sucede en el pecador, todo acto malo que temeroso cometió la primera vez le gustó, y se fue a la segunda y de ahí a más, siendo su proceder cada vez atrevido al punto que ya no puede desprenderse de “esa satisfacción” no alcanzando apreciar que aunque quiera no puede apartarse del camino a una condenación originada por así mismo, la balanza de la vida la inclina alejarse de Dios, el peligro muestra que al morir dejará el mundo despojado de la salvación, el temor de morir hace que la conciencia repase a velocidad vertiginosa como llegó y lo que hizo y no dejó los malos actos, aparecen en su memoria reclama su conciencia: ¿Si mueres que será de ti?

¡Cierto! Nadie quiere morir, pero el rumor de morir que avecina al ser humano lo acobarda, lo que le hace ser más fácil manipularlo cuando teme asustado perder la vida, ¿qué será de él? Dejará las cosas materiales por las que luchó toda su vida; perderá las satisfacciones personales, sus éxitos y fama; perderá su renombre y gloria, poder y dinero no se hace a la realidad de abandonar las cosas que en el mundo lo envanecen y enorgullecen, el miedo a perder hacen que el ser humano viva intimidado, amenazado como niño inquieto que ahora teme desobedecer, en otra época atendía la voz enérgica del padre responsable que se impone y obligaba a ponerse en orden, pero hoy, esas cabezas de inteligencia brillante se inmovilizan porque temen la realidad que se reafirma porque careciendo de fe es nula la redención salvadora de Cristo Nuestro Señor, es cero, pero es un vacío en su alma y corazón, lo hecho una nada, entre más agobiado y angustiado más se profundiza al vacío de la fe; ¡Callan! Obedientes no quieren perder la felicidad de los goces pasajeros, siendo lamentable que la inmensa mayoría de seres humanos ya no vuelven la vista a Cristo Crucificado; ya no vuelve su corazón a reconocerlo, sólo disponen sus sentidos en el despojo consciente que se han hecho a sí mismos de la fe en Nuestro Salvador, ese despojo ha privado de su ausencia al interior de su alma la fe en Cristo Nuestro Señor que no hay rastros, por tanto se han despojado de la primordial condición espiritual para ganar su misericordioso perdón, despojado de ganar su infinita bondad y de poseer su perpetuo y eterno amor, se ha despojado dejando de ganar su Sagrado Corazón que anhela vivir en cada alma, el pecador temeroso se pregunta: ¿Conozco la razón del amor de Cristo Nuestro Señor por mí? Para todo arrepentido es velar porque el Señor lo vuelva a su redil al final de su vida terrena, vela en espera este deseo su Madre Santísima pues su Santísimo Hijo en su agonía la eligió ser la puerta del cielo que inflame los corazones su maternal amor y volvemos a la incógnita: ¿Por qué Dios Nuestro Señor de múltiples formas manifiesta los bienes, gracias y dones para explotarlos en favor de la salvación eterna del pecador? Porque la reacción del hijo creado por Dios lo ha dejado de lado, negándose recibir las gracias que deposita en todos los corazones.

Los que carecen de fe creyendo que, aprendiendo oraciones, cargando o regalando estampitas, comprar escapularios o medallas nada es válido de esta actitud farisaica, la verdadera y profunda fe en Cristo Nuestro Señor es fácil decirlo pero difícil hacerlo; ¿Cómo se mostrara a Él esa fe? Abandonando sinceramente la incredulidad, el paganismo, el estado de pecado que se vive, no culpando a los demás de los males que por propia responsabilidad se vive y se padece, tocar a fondo la vida enmarañada de conflictos y dar cambio a la vida de pecado de 360º sólo así se podrá ganar, y si se quiere el camino de salvación esas actitudes que vemos por todas partes gente sin fe rechazarlas suplicando al Señor ayude expulsarlas del corazón y buscar con sinceridad la gracia en Cristo Nuestro Señor, es cuando se dejara de ser temerosos, cobardes y la ansiedad quedara en el cesto de la basura, la vida pasada estará borrada, por ello, el cristiano católico comprende, entiende y valora que no es escándalo, más bien debiera ser temor morir en pecado; morir sin sacramentos; morir carente de fe, esperanza y caridad; morir sin arrepentimiento; morir teniendo fuera de la presencia de Dios su alma y corazón; morir teniendo en el pensamiento haber perdido el temor de Dios; morir renegando de la fe de Jesucristo Nuestro Señor quien vino al mundo a redimir mí alma y preocuparse de ya no tener los sentidos puestos en la infidelidad a Nuestro Creador, por lo que la convicción del cristiano católico es y será en su existencia terrena vencer las asechanzas del diablo por la fe, de donde el entendimiento manifiesta que son y serán dichosos los que saben conservar la paz y restablecerla donde falta.


El alma que ha perdido la paz es víctima dispuesta para toda pasión; la alegría le arrebata al pesimismo y desesperanza; la pena le desalienta y debilita; en la oración abstraído y desconcentrado; en el descanso, disipado; su conducta no considera los pasos falsos, ni los precipicios a que se expone; los bienes que hace son de naturaleza humana y no para bien de Dios o sea que así mismo se niega los actos que la fe y el perdón estén en la redención de Cristo Nuestro Señor.
La enseñanza de Nuestra Santa Madre Iglesia no dejar lugar a duda o discusión, es convincente como también nada discutible el definir la verdad eterna; “El principio y la fuente de la paz es Dios quien establece la unidad en todas las cosas y cuyo atributo principal es la unidad de naturaleza una especifica inmutabilidad“.

Esto es, la imposibilidad de cambiar la obra divina, Dios es en el tiempo y la eternidad el mismo de ayer, hoy y siempre o sea su doctrina, mandamiento y Evangelio son inmutables, jamás cambiaran porque la fuente de donde emana la fe y el perdón es su Resurrección prueba excelsa de su divinidad, dijo; “El Hijo del hombre estará en el seno de la tierra tres días y tres noches”.

Y más reza el Evangelio; “¡Felices más bien los que escuchan la palabra de Dios y la conservan!”. Ello manifiesta la eficacia de su omnipotencia como Señor absoluto, puede entrar dentro del alma a visitarla, consolarla con sus inspiraciones, modificarla como en Él es su deseo, nada hay en el ser humano que impida u obstaculice, moleste o incomode mucho menos resistir a su voluntad y misericordia, comprendiendo, la imagen de Dios jamás se perturba ni se altera ante los ultrajes y escarnios, agravios o calumnias que recibe en todos los momentos del mundo.

El pecador entenderá que las obras de Dios son perfección divina por lo que la Resurrección del Señor al tercer día después de su muerte de cruz en el Calvario, el alma de Cristo Nuestro Señor unida de nuevo a su cuerpo salió triunfante del sepulcro, el hecho profetizado de su resurrección a sus discípulos es el más grande y decisivo de sus milagros.

San Agustín exhorta a repasar el prodigioso milagro; “Ciertamente que, antes de su ascensión, se ofreció a sus discípulos para que le tocasen, diciendo: "Palpad, y ved que el espíritu no tiene carne y hueso".

Invita a sus discípulos y la posteridad de los siglos hasta el final de los tiempos tener fe y sea el perdón que continuamente predico el Hijo de Dios por obra y gracia del Padre los bienes surgidos a consecuencia de su pasión y crucifixión, muerte y Resurrección la redención de Cristo Nuestro Señor comprender y entender que en la fe y el perdón está la redención de Cristo.

Al entrar al pasaje evangélico de la aparición del Señor a los Apóstoles, atraemos la palabra de Jesús que con ello señala la dimensión que encierra el grande pecado contra la fe: “Quien cree al Hijo tiene vida eterna; quien no quiere creer al Hijo no verá la vida, sino que la cólera de Dios permanece sobre él”.

Por ello el Señor obra para avivar la fe en los suyos, sea ejemplo de que así como fue en ellos lo es y será con todas las almas; “A la tarde de ese mismo día, el primero de la semana, y estando, por miedo a los judíos, cerradas las puertas donde se encontraban los discípulos, vino Jesús y, de pie en medio de ellos, les dijo; ¡Paz a vosotros!” Buena es la pregunta: ¿Por qué quiso el Señor que la aparición a sus Apóstoles fuera de noche, pueden considerar algunas razones, una importante, entre ellos todavía había algunos que se resistían a creer, paciente con ellos los va encauzando, así al encontrarse será benéfica su visita; otra es poner a prueba la paciencia de sus “Hijos más pequeños” alargando el momento de hacerse presente, conoce el deseo sincero de volver a verle y estar a su lado, vuelve a prepararlos para el favor que ha considerado hacerles; Aprendiendo del obrar del Señor es comprender que así como veamos en ellos la asistencia del Señor lo será también en nosotros cuando lo hemos perdido y por más que insistimos, vive el corazón la soledad, Dios consuela cuando las almas como las de sus Apóstoles están desalentados.
La noche es el momento que se acrecienta el miedo, cuando en los Apóstoles los enemigos del Señor y de ellos el pueblo arrastrado en su contra por los judíos del sanedrín, el odio está enardecido creyéndose triunfantes los que en realidad están derrotados.

Los Apóstoles temerosos no hallarían paz ni tranquilidad en su alma, ahora más que nunca están convencidos que les falta el sostén de su Maestro, lo que le ha sucedido días atrás tiene deprimido su espíritu, pero hay esperanza reflejada en cada uno por lo que alentados unos y otros no se mueven del lugar donde están reunidos, en esta situación agobiante Jesucristo Nuestro Señor se hace presente, su visita vuelve en todos el gozo, alegría y esperanza.

No es de dudar que la dureza oprimía su alma, vida y corazón, pero al verlo esa cerrazón desapareció al instante privando en cada uno el gozo de Dios, por ello en estos tiempos de temor, miedo y agobio aprendamos a buscar con fe el perdón del Señor, he aquí el ejemplo y la respuesta que toda alma sin excepción puede hacer suya.


El Señor saluda a su entrada con una palabra que de nombre y dulce: La paz que entrega Cristo Nuestro Señor al salir de este mundo, lo que ilustra nuestra realidad San Gregorio Nacianceno; “Avergoncémonos de abandonar este don precioso de la paz que nos dejo Cristo al salir del mundo”, La paz es el bien alabado y recomendado por todo, pero poco conservado, la razón está en la ambición humana del poseer, dominar las riquezas; es también la ira y, el rencor, el despreció al prójimo y demás actos contrarios al mandamiento de Jesucristo Nuestro Señor que ignorantes de ello incurrimos en pecado, sin comprender que Dios es la suma paz que congrega todo.

De Él se deriva la paz y tranquilidad desde los coros angélicos como a todas aquellas almas que viven en paz con Dios y consigo mismos. “Diciendo esto, les mostró sus manos y su costado; y los discípulos se llenaron de gozo, viendo al Señor.

De nuevo les dijo: ¡Paz a vosotros! Como mí Padre de envío, así Yo os envío. Y dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo: Recibid el Espíritu Santo; a quienes perdonaréis los pecados, les queden perdonados; y a quienes se los retuviereis, quedan retenidos”.

Esto nos tiene que enseñar que debemos esperar con paciencia la visita de Dios y su consuelo, confiando que lo hará en el tiempo que más conviniere.
hefelira@yahoo.com

 

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