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Los libertinos Villa de Reynosa, 1765.

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domingo, 16 de septiembre de 2012
Por: Antonio Campos Rodríguez
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Vaya que se armo la grande en el pueblo cuando entre murmullo y murmullo fue de dominio público la relación ilícita que mantenía una mujer casada con Juan Antonio Longoria.

Don Juan José de Hinojosa, justicia mayor de la villa al ser enterado del ofensivo suceso y por no estar en ese momento en el poblado Longoria, redactó un documento que mandó se colocara en la puerta principal de su vivienda a fin de que lo leyera y estuviera al tanto de lo ahí señalado.

El documento en cuestión escrito con letra que más bien parecía jeroglífico, fue paleografiado y leído a los interesados en conocerlo por Anastasio Marín.

Sentado en una bella silla tallada a mano en forma hexagonal, el interlocutor dio inicio a la lectura del documento señalando:

En esta villa de Nuestra Señora de Guadalupe de Reynosa, en veinte días del mes de noviembre de mil setecientos sesenta y cinco yo don Juan José de Hinojosa, capitán de la Real Escuadra que guarnece esta villa y misión y justicia de los pobladores de ella, digo que por cuanto estoy informado que Juan Antonio Longoria, soltero está viviendo en ilícita amistad con una mujer casada y para evitar las ofensas contra Dios nuestro señor, he tenido por conveniente apresarle y en su persona notificarle que ya no pare más en la casa de aquella mujer que omito su nombre por ser casada y evitar el escándalo.

Si mantiene su ilícita conducta le impondré una multa de veinticinco pesos que aplicaré en la fábrica de la iglesia.

Yo el capitán lo mandé colocar, leer y notificar.

Capitán Juan José de Hinojosa.

A la distancia de tres leguas de la villa, Longoria fue enterado del suceso por Antonio Camacho, quien detalle a detalle le fue explicando cómo andaban las cosas en el poblado y que de verdad el capitán Hinojosa andaba muy enmuinado con él.

Sobre todo, por tratarse de una mujer con reconocimiento social en el pueblo.

Longoria atento a cada una de las palabras de Camacho apenas y se inmutaba. Su rostro no reflejaba la más mínima preocupación o remordimiento.

Terminado el relato sólo mencionó: ¿ Cómo se encuentra ella? Las huestes de la moralidad no la han condenado a ser quemada en leña verde.

Camacho le dijo:

Juan Antonio, esto es cosa seria. Acuérdate de tu buen amigo Manuel Vázquez Borrego las que tuvo que pasar por andar en los mismos pasos que tú.

Longoria le contestó: _Piensa en esto. La primera forma de amor aparecida en la historia es la sexual acompañada de la pasión. ¡Estoy mintiendo!

Aun más. El amor caballeresco de la edad media, no fue de ningún modo amor conyugal, por el contrario, en su forma clásica estaba conducido a toda vela hacia el adulterio.

¿Por qué no hacerlo ahora?

Mira Camacho, han llegado a toda la Nueva España cualquier cantidad de Reales Cédulas y Reglamentos que pretenden normar la vida de los hombres y las mujeres como si fuéramos un hato de bueyes siempre jalando en la misma dirección.

Nos tienen la cabeza atiborrada con sus leyes morales. Nos meten hasta por el £último poro de la piel la idea de que el sexo es esencialmente es una ofensa a Dios y no al estado.

Entonces de que preocuparse sino estamos trasgrediendo ninguna ley social.

Quizás ese asunto de dios y todas esas cosas sea cuestión de viejitos y viejitas. No nos hagamos, en Reynosa existe una proclividad naturalita a andar navegando los hombres de alcoba en alcoba y también una que otra mujer.

Hay una gran hipocresía en todo ello. El alcalde según me dices, puso su reclamo social en la puerta de mi casa dándoselas de paladín de la decencia pública, perseguidor de nefandos pecadores.

Camachito, si tantito le rascamos a la vida del dilecto capitán pues te darás cuenta que él es el primer trasgresor de la ley. No tienes más que ver como él y su familia están monopolizando tierras en la región aprovechando su posición privilegiada con las autoridades virreinales.

Amigo los humanos somos hipocritones. Aceptamos sin aparentemente chistar la moral pública, pero en lo bajito no lo practicamos porque por naturaleza somos trasgresores de ella.

Nos gustan los naipes, el bigarrote, el adulterio, la bigamia y en poco estimamos el convenio conyugal monógamo.

Hasta los curitas pese a que en el sínodo de Zacatecas de 1774 les habían prohibido no acompañar a mujeres, a pié, ni a caballo para que esto no se prestara a pérfidos comentarios o incitara a los chismosos a proclamar que los sacerdotes andaban dándole juego a las delicias de la carne.

Todos sabemos que los de la sotana son los primeros en dar el paso al frente y entrarle a las complacencias del desliz amoroso y la cama.

En el caso mío, Juan José Hinojosa ha personalizado el asunto, quiere desquite. Todo porque una grácil dama de la villa de Mier me prefirió a mí y no a él.

Y con eso que es alcalde, se aprovecha de ello aplicando una justicia selectiva.

Para que fingimos demencia Camachito, todos sabemos que en Reynosa, han llegado hombres acompañados de mujeres que dicen ser sus esposas y tanto nuestro dilecto alcalde como el cura se han hecho socarrones y no cumplen con el mandato que dispone que los recién llegados tienen un año como plazo máximo para comprobar su situación conyugal.

En conclusión, toda este derroche de grafías puestas sobre papel y que pretenden que cumplamos al pié de la letra no son otra cosa que una forma coerción social.

Por fortuna la arquitectura de las costumbres siempre tendrá más peso que lo impuesto a fuerza de legajos disfrazados de legalidad. Por eso los amores furtivos son tan populares en todo el bastión novo santanderino.

Bien dicen y dicen bien. Que lo prohibido es lo más apetitoso, máxime cuando se trata de una moralidad esclava que tiene por norma fomentar la sumisión y el conformismo.

Así es que por muchos esfuerzos que hayan hecho los dogos del puritanismo por vigilar y controlar el comportamiento de su feligresía, el hecho es que siempre nos las arreglamos para salirles al paso a los ¨guardianes de la fe¨.

Dos días después de celebrada esta conversación Juan Antonio Longoria regresó a la villa de Reynosa secretamente cobijado por una oscuridad fuliginosa color azabache, fue directamente a la casa de Josefina de Covadonga y sin mediar palabra alguna emprendieron un largo viaje sin retorno.

Enterado del bochornoso suceso el alcalde Juan José de Hinojosa, no tuvo más remedio que reconocer que la moral pública y las leyes habían sufrido un serio descalabro con la osadía de Longoria.

El asunto de Juan Antonio y Pepita parecía superado, y tal vez entrado en el terreno del olvido cuando a la vuelta de dos meses, Lázaro Grimaldi era noticia en el poblado por haberse fugado con Petra Madero, mujer casada varios años mayor que él.

El edil comprendió que detener la ola encrespada de los aposentos mancillados, era como querer detener el universo con dedo. Por lo que decidió retirar de su cuello el escapulario de la virtud pública y de plano aceptar que cada quien hiciera con su cuerpo la pirotecnia sexual que más le acomodara.

Sabio el edil ¡No cree!

 

Comentarios

  • Mis Antepasados:Los Libertinos Villa de Reynosa
    por Ofelia Olsson, 09/12/2013 21:34
    DesaprueboApruebo
    +0

    Yo escrbo una carta de noticias para los miembros de nuestra sociedad de geneologia.

    Me gustaria publicar este articulo. Deseo permiso para hacerlo. Nuestra sociedad es Rio Grande Valley Hispanic Genealogical Society.

    Estamos en Harlingen pero nuestros miembros son de todo el Estado de Texas y mas.

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